El pasado del negocio del entretenimiento no va a volver

Es ingenuo pensar que los viejos días van a volver. Que milagrosamente por la aprobación del reglamento de la Ley Sinde, burla hacia los jueces y la tutela judicial efectiva, van a cambiar los hábitos de consumo de los ciudadanos y se van a lanzar todos a comprar millones de CDs y DVDs de estreno.

En un sistema como es Internet, diseñado para buscar caminos alternativos para compartir información, y que ya tanto ha calado en la mente de los usuarios medios y avanzados, pensar que un reglamento mal concebido va a cambiar algo es, como poco, de ilusos.

No, en el fondo nada va a cambiar, salvo nuestras libertades y la molesta sensación de que las castas se crean más que nunca que pueden hacer con los ciudadanos lo que les plazca. Y puede que no pocos se vean pronto afectados por causas de prevaricación y cuestiones de constitucionalidad.

Las cifras de parte de unos intermediarios moribundos no van a mejorar y la razón es sencilla; la única forma de vencer en esta lucha es buscando en el consumidor el aliado y sólo lograrán eso no luchando contra ellos, sus usos y costumbres, como hacen ahora, sino compitiendo en precio y conveniencia.

Y mientras no lo entiendan no habrán logrado nada salvo cavar un poco más profundo su propia tumba. Proliferarán las redes oscuras, los viejos sistemas de intercambio que tan bien han servido durante años pasado a quienes quieren copiar ficheros con contenidos de todo tipo. Será tal vez un viaje al pasado, pero una realidad mientras los políticos no opten por la directa, que es eliminar Internet, eliminar las privacidad en las comunicaciones, la inviolabilidad del domicilio e instauren, de nuevo, la pena de muerte a los que copian contenidos con propiedad intelectual. Y puede que ni entonces logren nada sustancial para los objetivos declarados. Los objetivos reales, imponer su casta como dueña y señora de nuestras vidas, sí serán logrados.

Compitan señores. Ya lo hemos avisado… y avisados quedan. Luego no se llamen a sorpresa.

El pasado del negocio del entretenimiento no va a volver

Nolesvotes.com

Copio y pego de Nolesvotes.com:

El próximo 22 de mayo, los ciudadanos españoles están convocados a las urnas para votar a sus representantes públicos en todos los ayuntamientos y en algunos parlamentos autonómicos. Los representantes elegidos tendrán a su cargo la gestión de miles de millones de euros durante un periodo de cuatro años, razón más que suficiente para extremar las precauciones de los votantes: a lo largo de los últimos años, el nivel de corrupción en la política española se ha disparado de manera alarmante en todo el arco parlamentario.

PSOE, PP y CiU son las tres formaciones políticas que han pactado para resucitar la ley Sinde en el Senado, una ley que permite censurar Internet por vía administrativa, sin una intervención judicial que garantice la tutela efectiva de los ciudadanos. Al juez que deba validar el cierre le estará vedado analizar el fondo del asunto, esto es, la vulneración de derechos de propiedad intelectual o la posibilidad de producir un perjuicio patrimonial por parte de la página web cuya clausura se solicite. La ley Sinde crea un “agujero libre de jueces” donde la decisión la toma una comisión administrativa nombrada por el gobierno, para evitar lo que hasta el momento venía ocurriendo: que los jueces no daban la razón a las reclamaciones de la industria de los contenidos.

La ley Sinde es ineficaz. No aborda una reforma integral de la legislación de propiedad intelectual, único camino para favorecer la justa retribución de los creadores y artistas en el marco de una sociedad de cultura digital. Aún así, y a pesar de la oposición de una parte importante de la sociedad incluyendo creadores y artistas, PSOE, PP y CiU votaron a favor de ella. Pesaron más las presiones de gobiernos extranjeros y de grupos minoritarios que el interés social. Pero no todo es culpa de nuestros representantes: nosotros les hemos elegido, por acción u omisión.

Desde Nolesvotes.com consideramos que PSOE, PP y CiU han faltado a su principal obligación con la ciudadanía: defender la Constitución que juraron o prometieron acatar. La ley Sinde somete Internet a una legislación excepcional, con grave merma de los derechos a la libertad de expresión e información y a la tutela judicial efectiva, posibilitando un mayor control político de la red.

Tu decisión es importante. No te pedimos el voto para ningún partido concreto, ni que votes en blanco, ni que te abstengas, sino que te informes para comprobar que existen alternativas contrarias a la ley Sinde en todo el espectro ideológico. Te pedimos que defiendas la libertad en la red con tu voto, no apoyando a aquellos que con sus actos se han hecho claramente merecedores de un voto de castigo.

El próximo 22 de mayo, NO LES VOTES.

Nolesvotes.com

Campañas falaces contra el intercambio sin ánimo de lucro de contenidos

La ciudad de Nueva York, aunque presumiblemente por orden de alguno de los multimillonarios lobbys de ciertas industrias intermediarias, aka, distribuidoras y algunas productoras, lanza una de esas ya conocidas y manidas campañas llenas de falacias y, por otro lado, demagogia.

Su argumento se resume en esta aseveración sin más prueba que un deseo ferviente de que sea cierto:

Si copias contenidos de otros usuarios, o pones a disposición y no se paga, alguien pierde su trabajo. Normalmente una persona con la que te puedes identificar.

– Ergo, si copias sin pagar eres una mala persona, si pagas, eres una buena persona.

Fin del sesudo análisis.

Entramos pues en una mezcla de cuestión moral, rigor científico y medias verdades (que crean mentiras completas).

Lo cierto es que no sé ni por dónde empezar.

Bueno, vamos a intentarlo:

Lo primero tal vez sea que no se ha demostrado realmente una relación clara sobre el auténtico impacto negativo de las copias de contenidos no autorizadas (recordemos que la copia privada es legal en la mayor parte de Europa). Es más, de hecho el efecto es más bien entre nulo, pequeño e incluso puede ser positivo. Lo que ocurre es que:

1) Los ingresos de todos los agentes que intervienen el proceso de la industria del entretenimiento van de un sector a otro. No existe crisis en sentido estricto. Cada vez se vende más en general. Algunos pierden, evidentemente. Curiosamente los que comparten contenidos son los que más gastan al final.

2) Algunos artistas (e industrias) ganan menos, pero otros que no ganaban nada, ahora ganan algo o tienen oportunidad de lograrlo.

Gráfica que expresa el cambio de modelo de negocio

3) Los estudios científicos rigurosos no avalan la relación que estudios sesgados y cuestionados pretenden hacernos creer.

Lo que sí que es cierto es que los que suelen pagar las consecuencias de la situación actual sí son los menos culpables. Normalmente se despide a los trabajadores por cuenta ajena, pero si vamos a hablar de cuestiones morales es imprescindible hablar de todos los factores involucrados. Como suelo decir ¿es moral ser el responsable de unas industrias de intermediación o generación de contenidos y no idear y poner en práctica nuevos modelos de negocio? Porque todo sea dicho de paso, con demasiada frecuencia ocurre que los intermediarios se obcecan en seguir ganando lo mismo mermando lo que deberían dar a los agentes con menos poder, como los propios artistas y trabajadores.

La clave sigue siendo la misma. La gente copia y comparte. Esa es la realidad. Uno puede quejarse amargamente y forzar leyes que criminalicen lo que sus clientes y potenciales clientes hacen, o pueden empezar a dar lo que los usuarios piden, que no es precisamente pagar por contenidos, su copia y distribución, sino por un servicio cómodo y conveniente a un precio reducido, incluso gratis, como ya se está demostrando factible.

Ahora bien, aceptemos pulpo como animal de compañía y supongamos que sí, que el intercambio de contenidos sin ánimo de lucro, o con él, afecta a los trabajadores. Dejemos abierta la puerta a considerar que tal vez, sólo tal vez,  gran parte de la responsabilidad de este hecho sea de la inacción de gran parte de las  industria del entretenimiento. La pregunta es ¿y qué? Ocurrió lo mismo con la revolución industrial, con el invento del frigorífico o el uso del gas en lugar de grasa de ballena iluminar las calles.

La reconversión es importante y debe ser iniciativa de las industrias que van cayendo en la obsolescencia y responsabilidad en gran parte de los gobiernos.

La tecnología produce los cambios más importantes en la sociedad y a veces a ésta le cuesta seguir el ritmo. No digamos ya a ciertas industrias mastodónticas acostumbradas a controlarlo todo de una forma analógica basada en la escasez de recursos para copiar y distribuir.

Eben Moglen nos lo explica aquí:

Dicen al final de la campaña que no existen las películas gratis. Bueno, es sorprendente que se use todavía esta archiconocida falacia de hombre de paja. Eso sólo lo dicen ellos, no los ciudadanos. Claro que no existen películas gratis. Sabemos que cuesta dinero hacerlas, que hay que pagar a la gente, los materiales y demás, pero la cuestión no es si cuesta o no hacer películas. La cuestión es cómo pretenden seguir amortizando esas películas con modelos de negocio imposibles de forzar en la era digital. Es eso lo que debe cambiar, porque si bien no hay películas “gratis total” si que tiene un precio cercano a cero la copia y distribución de éstas. Lo que tendrán que hacer es rentabilizar el hecho de que la gente quiere compartir sin ánimo de lucro, algo muy difícil de detener sin perjudicarse ellos mismos.

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Campañas falaces contra el intercambio sin ánimo de lucro de contenidos

A los traidores se les debe tratar como tales

Algunos senadores que se supone representan a las autonomías de España han optado por representar los intereses de parte de la industria de intermediación del entretenimiento de los Estados Unidos de América.

En consecuencia deben ser tratados como traidores y deben pagar las consecuencias de sus actos. Pronto en el congreso se aprobará la ley Biden-Sinde que, como paso previo a más medidas represivas, irán destruyendo poco a poco la esencia de esa gran máquina, Internet, que se basa en copiar, enlazar y transmitir contenidos.

Un paso más en el objetivo de ACTA de secuestrar Internet, y la cultura, en beneficio de algunos intermediarios obsoletos que no dudan en insultar a la ciudadanía.

¿Y qué haremos? Desobediencia civil, sin duda. Cuando hay leyes injustas, todas nuestras webs tendrán que enlazar y facilitar enlaces con todas las consecuencias. El destino de nuestras webs es que sean cerradas por orden el tirano Biden y su siervo Obama.

Además de la desobediencia, los políticos apenas entienden de otra cosa que no sea acaparar votos y de ahí que debamos darles una pequeña lección en las sucesivas elecciones. Por ello propongo una cadena de favores:

My two cents sobre a quién votar o no: Creo que no existe una opción, sino muchas. La clave es no votar a los grandes partidos mayoritarios y convencer cada uno a dos o más personas de hacer lo mismo y convencer así mismo a otros. Una cadena de favores que nos hacemos a nosotros mismos. Tenemos que no votar a PP, PSOE, CIU, PNV, etc. y votar a partidos pequeños con pocas o ninguna posibilidad de ganar. Hemos de luchar contra el “voto útil” con todas las consecuencias. Nada cambiará si la gente sigue votando a los mismos y si los grandes ven que pierden cientos de miles, o millones de votos sobre todo de gente joven empezarán a tener miedo. Parece que el miedo es el único lenguaje que comprende esta gente.

Nada de voto en blanco, nada de abstención, nada de una única opción. Demos una lección moral. Votamos, pero no nos gusta que nos impongan un voto por miedo al mar mayor.

Otra cosa 2.0 más: En las próximas elecciones los fanboys de los principales partidos políticos, esos mismos que traicionan y mienten, saldrán a hablar de lo mucho que molan al usar el tuiter y el feisbuc; pues bien, estemos ahí para recordarles que ellos no son lo que dicen ser. Que las caretas se han caído por éste motivo y otros muchos. Que en Internet ya no son bienvenidos.

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A los traidores se les debe tratar como tales