La Desobediencia Civil por Thoreau parte 1 de 8

Henry David Thoreau fue escritor y filósofo anarquista estadounidense. Una de sus obras más famosas fue “La desobediencia civil”. Os invito a leer este texto que localizé en LaAntorcha.net al tiempo que lo leo yo. Voy a ir publicando por partes (el documento está en el dominio público) pero lo podéis descargar completo en PDF haciendo clic aquí.

DESOBEDIENCIA CIVIL

Acepto plenamente la divisa: el mejor
gobierno es el que menos gobierna, y quisiera verlo actuar en este
sentido más rápida y sistemáticamente. Realizada, equivale en última
instancia a esto en lo que también creo: el mejor gobierno es el que no
gobierna en absoluto, y cuando los hombres estén preparados para él,
éste será el tipo de gobierno que todos tendrán. El gobierno es, bajo
óptimas condiciones nada más que un recurso, pero la mayoría de los
gobiernos suelen ser, y a veces todos los gobiernos son inoportunos.
Las objeciones que han sido planteadas contra la existencia de un
ejército regular, son muchas y de peso. Finalmente éstas pueden también
aplicarse a un gobierno establecido. El ejército regular no es más que
un tentáculo del gobierno establecido. El mismo gobierno, que sólo es
el medio escogido por el pueblo para ejecutar su voluntad, está
igualmente sujeto a sufrir abusos y corrupción antes de que el pueblo
llegue a actuar a través de él. Lo prueba la actual guerra mexicana,
obra de relativamente pocos individuos que utilizan el gobierno
establecido como instrumento personal, ya que, al principio, el pueblo
no habría aceptado este proceder.

¿Qué es este gobierno
norteamericano si no una tradición, aunque reciente, que se propone
transmitirse a sí misma intacta a la posteridad, pero que a cada
instante pierde parte de su integridad? No tiene la vitalidad ni la
fuerza de un solo hombre viviente, ya que un solo hombre puede
doblegarlo a su voluntad. Es una especie de pistola de madera para la
misma gente. Pero no por esto es menos necesario ya que el pueblo debe
tener algún aparato complicado, o lo que fuere, y escuchar el ruido que
produce para satisfacer la idea que tiene de gobierno. Así, los
gobiernos demuestran cuán exitosamente se les puede imponer a los
hombres y, los hombres a su vez, imponerse a sí mismos para su propio
beneficio. Esto es excelente, todos debemos admitirlo. Sin embargo este
gobierno nunca fomentó por sí mismo ninguna empresa que no fuera el
empeño con que se apartó de su camino. El no mantiene libre al país. El
no coloniza el oeste. El no educa. El carácter inherente al pueblo
norteamericano es el autor de todo la que se ha realizado, y habría
hecho algo más si el gobierno no se hubiese interpuesto a veces en su
camino; ya que el gobierno es un recurso por el cual los hombres
accederían gustosos a dejar a los demás en paz, y como hemos dicho
cuando más oportuno es, es cuando deja más en paz a los gobernados. Si
el intercambio y el comercio no fuesen maleables, jamás conseguirían
librar los obstáculos que los legisladores les colocan continuamente en
el camino. Si hubierá que juzgar plenamente a estos legisladores por
los efectos de sus acciones y no parcialmente por sus intenciones,
merecerían que se les colocase y castigase junto con las personas
nefastas que obstruyen las vías férreas.

Pero para hablar de
manera práctica y como ciudadano, a diferencia de quienes se
autoproclaman partidarios del no gobierno, no pido inmediatamente que
no haya gobierno, sino inmediatamente un gobierno mejor. Dejemos que
todo hombre dé a conocer qué tipo de gobierno merecería su respeto y
esto sería un paso para obtenerlo.

A final de cuentas, una vez
que el poder está en manos del pueblo, la razón práctica por la cual se
permite que una mayoría mande, y por mucho tiempo, no es porque ésta
tienda más a estar en la correcto ni porque esto parezca más justo a la
minoría, sino porque físicamente es más fuerte. Pero un gobierno donde
la mayoría manda en todos los casos, no puede basarse en la justicia ni
siquiera hasta donde los hombres la comprendan. ¿No puede haber un
gobierno en el que las mayorías decidan virtualmente según su
conciencia y no en relación a lo correcto e incorrecto? o ¿en el que
las mayorías decidan únicamente sobre aquellas cuestiones a las cuales
es aplicable la regla de la conveniencia? ¿Debe el ciudadano renunciar
a su conciencia, siquiera por un momento o en el menor grado a favor
del legislador? ¿Entonces porque el hombre tiene conciencia ? Pienso
que debemos primero ser hombres y luego súbditos. No es deseable
cultivar tanto respeto por la ley como por lo correcto. La única
obligación que tengo derecho de asumir es la de hacer en todo momento
lo que creo correcto. Se ha dicho con bastante verdad que una
corporación no tiene conciencia, pero una corporación de hombres
conscientes es una corporación con conciencia. La ley jamás hizo a los
hombres ni un ápice más justos; además, gracias a su respeto por ella
hasta los más generosos son convertidos día a día en agentes de
injusticia. Un resultado común y natural del indebido respeto por la
ley es que se puede ver una fila de soldados: coronel, capitán, cabo,
soldados, dinamiteros y todo, marchar en admirable orden cruzando
montes y valles hacia las guerras, contra su voluntad, sí, contra su
propio sentido común y su conciencia, lo que convierte esto, de veras,
en una ardua marcha de corazones palpitantes. No abrigan la menor duda
de que están desempeñando una ocupación detestable teniendo todos
inclinaciones pacíficas. Ahora bien, ¿qué son? ¿Son acaso hombres? ¿O
son pequeños fuertes y polvorines portátiles al servicio de algún
inescrupuloso hombre en el poder? Visitemos el Astillero de la Marina y
contemplemos a un marino, un hombre tal como lo puede hacer un gobierno
norteamericano, o tal como puede hacer a un hombre este gobierno con su
magia negra -sombra y reminiscencia- de humanidad, un hombre muerto en
vida, de pie, y ya, para así decirlo, sepultado con sus armas y
acompañamientos fúnebres, aunque podría ser que,

Ningún tambor se oyó, tampoco una nota fúnebre Not a drum was heard, not a funeral note,
Cuando transportamos su caballo hacia el fuerte; As his horse to the rampart we hurried;
Ningún soldado disparó una salva de adiós Not a soldier discharged his farewell shot
Ante la tumba donde enterramos a nuestro héroe. 0’er the grave where our hero we burried

La
masa de hombres sirve al Estado así: no como hombres principalmente
sino como máquinas, con sus cuerpos. Son el ejército regular y la
milicia, los carceleros, los guardias civiles, la fuerza pública, etc.
En la mayoría de los casos no hay libre ejercicio, ni de juicio ni de
sentido moral, sino que se colocan en el mismo plano que la madera, la
tierra y las piedras; y quizá se pudieran fabricar hombres de madera
que sirviesen tan bien a ese fin. Esto no merece más respeto que el que
merece un espantapájaros o un puñado de inmundicia. Tienen el mismo
valor que los caballos y los perros. Sin embargo a gente como ésta se
les tiene comúnmente por buenos ciudadanos. Otros -como la mayoría de
los legisladores, políticos, abogados, ministros y funcionarios- sirven
al Estado principalmente con la cabeza, y así como raras veces hacen
una distinción moral, se prestan, sin proponérselo, a servir tanto al
demonio como a dios. Muy pocos -como héroes, patriotas, mártires,
reformadores en amplio sentido, y hombres- sirven al Estado también con
su conciencia, por lo tanto necesariamente en su mayor parte le
resisten, y comúnmente el Estado los trata como enemigos. Un hombre
sabio sólo como hombre será útil y no se prestará a ser arcilla, ni a
tapar un agujero para que no pase el viento sino que al menos dejará
ese oficio a sus cenizas:

Soy de cuna demasiado noble para ser reducido a propiedad. I am too high-born to be propertied,
Para ser un subalterno sometido a tutela, To be a secondary at control,
un útil servidor y un instrumento Or useful serving-man and instrument
de no importa que Estado soberano en el mundo. To any sovereign state throughout the world.

La vida y la muerte del rey Juan, Acto V. Escena 2, W. Shakespeare.

Aquel
que se entrega totalmente a sus semejantes resulta inútil y egoísta
para ellos; pero quien se les entrega parcialmente es llamado
benefactor y filántropo.

La Desobediencia Civil por Thoreau parte 1 de 8

Parafraseando a Thoreau y con todos mis respetos

Son muchas las referencias sobre justicia y libertad de acceso al conocimiento que encontramos entre los líderes de la nación que más tarde sería abanderada de todo lo opuesto, EEUU. Entre éstos encontramos a Thomas Paine o David Henry Thoreau el cual que me inspira desde hace tiempo con su “Desobediencia Civil”. Lógicamente con matices, la distancia y todo respeto me permito parafrasear una de sus más famosas citas y digo que:

“En un país donde se pueden cerrar páginas arbitrariamente por vulnerar presuntamente una ley injusta, lo coherente es que cualquier página con la mínima posibilidad de vulnerar dicha ley sea también cerrada”.

Mario Pena (devolución expresa al dominio público).

Parafraseando a Thoreau y con todos mis respetos

Presuntas infracciones de copyright en Ningunterra.com

Se dice que cuando un amigo fue a visitar a Henry David Thoreau a la cárcel por su desobediencia civil, al preguntar a Thoreau sobre cómo era posible que hombre tan recto estuviera encarcelado, la respuesta de Thoreau fue que la cuestión no era porqué estaba él en la cárcel, sino porqué su amigo no lo estaba también. En sus propias palabras: “bajo un gobierno que encarcela injustamente a alguien, el lugar apropiado para un hombre justo es también una cárcel”

Así que en mi afán por ayudar al Ministerio de Cultura y a la Coalición de Intermediarios de la Industria del Entretenimiento en su incansable labor por acabar con las infracciones reales o imaginarias entorno a la propiedad intelectual, he decidido allanar el camino a las futuras comisiones y comunicarles algunos de los lugares de este humilde blog en los que podría haber incurrido en presuntas vulneraciones del copyright. Dejaremos pues a que sea dicha comisión, a buen seguro justa y recta, quien decida si desconectar esta web para que nadie más pueda acceder a esos contenidos protegidos por copyright.

He aquí las últimas presuntas infracciones de copyright en los últimos artículos publicados:

1) Animación con arena de Kseniya Simonova: enlace a video con copyright de una televisión.

2) Lo que nadie se cree lo que dice Aute: cito palabras de Aute sin permiso expreso del autor de las declaraciones.

3) Corto hecho con papel: enlace a video con copyright.

4) Votando o no votando según George Carlin: enlace a video con copyright.

5) No apreciamos lo que tenemos: enlace a video con copyright.

6) Introducing V of Vendetta: facilito texto con copyright de la presentación de V de Vendetta sin permiso expreso de los productores.

7) Tal vez el más evidente: Speech de V de Vendetta para Television: enlazo a dos videos con copyright de la película de V de Vendetta.

8) Enlace a un documento privado de Yahoo! sobre sus políticas internas de vigilancia de usuarios.

Habrá más presuntas infracciones, sin duda, las iré añadiendo poco a poco para que puedan documentar bien su expediente.

Supongo que con estas supuestas infracciones una comisión sin que medie juez no tendrá problema alguno en borrar Ningunterra de la faz de Internet.

Presuntas infracciones de copyright en Ningunterra.com

Mahatma Gandhi y la carta que le escribió a Hitler para detener la guerra

Copio literal este artículo por su especial interés. Fuente original y licencia.

Hoy 2 de octubre se conmemora el 140 aniversario del nacimiento de Mahatma Gandhi, el mayor exponente de la resistencia no-violenta y un convencido propagador de los principios de la autogestión comunitaria y del federalismo libertario. A fines de 1940 Gandhi escribió una carta dirigida a Hitler con el objetivo de convencerlo para que detuviera la guerra, pero las autoridades británicas impidieron su difusión.

“Quizas las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre semejante fuese una realidad de carne y hueso en este mundo”

Albert Einstein

Una de las personalidades más importantes y trascendentes del siglo XX, Gandhi permanece en la memoria colectiva de la Humanidad como símbolo de la acción política y reivindicativa fundamentada en el espiritualismo y en la resistencia pacífica. Mohandas Karamchad era el hijo pequeño de la familia Gandhi. Su padre era un abogado de cierto prestigio casado en cuatro ocasiones. De la última de sus uniones, con Pulitnai, fue fruto el que posteriormente sería denominado “el Mahatma”, alma grande. De su infancia y primera juventud sabemos que no fue aplicado en los estudios y que sentía verdadera devoción y respeto hacia sus padres.

Se trataba de un muchacho tímido, retraído, característica que no abandonará a lo largo de su vida. A los siete años, conforme a la tradición hindú, sus padres concertaron su matrimonio con una niña de su misma edad, Kasturbai Makanji, con quien se casará al cumplir trece años. Ambos permanecerán unidos durante toda su vida, siendo su reservada esposa el apoyo silencioso de las actividades de Gandhi. A los dieciocho años Gandhi aprobó el examen que le capacitaba para cursar estudios superiores.

Personalmente se inclinaba por la Medicina, pero la opinión de sus familiares era que debía estudiar abogacía, como su padre. Había en su opinión razones para ello: su padre hacía poco que había fallecido, y seguir su carrera era la mejor manera de honrar su memoria; además, resultaría imposible para un seguidor de Visnu compaginar sus creencias con prácticas médicas como la disección o la cirugía, por más que los fines fueran la curación del paciente.

Así, encaminado al estudio del Derecho, se decidió que el mejor lugar para hacerlo sería Inglaterra. En Londres, Gandhi se esforzó por integrarse en una cultura radicalmente diferente. Se compró varios trajes, tomó clases de baile e incluso aprendió a anudarse la corbata. Sin embargo, lo más importante y decisivo fue la lectura de dos libros que marcarán profundamente su existencia: la Biblia y el Bhagavadgita. Del primero le cautivaron ciertos pasajes en los que se postula el pacifismo a ultranza y la ausencia de respuesta a las agresiones: “a quien te hiere en un mejilla, preséntale también la otra” (Sermón de la Montaña).

Del segundo, libró sagrado del hinduismo, Gandhi extrajo avergonzado -no en vano había tardado veinte años en leerlo- enseñanzas acerca de la moral, la capacidad de esfuerzo y la resistencia tenaz ante la adversidad. Tras graduarse como abogado en 1891, Gandhi regresó a la India para ejercer su profesión, intentándolo en Bombay y Rajkot. Sin embargo, dos problemas de complicada solución se cruzaron en su camino y le hicieron fracasar en su empeño: su profundo retraimiento, que le dificultaba hablar en público, y su ignorancia de las particularidades del derecho hindú.

De todas maneras, extrajo una enseñanza positiva de su experiencia, pues halló que tenía habilidad para redactar escritos jurídicos y reclamaciones. Gracias a esto consiguió empleo como consultor en la empresa Daba Abdulla & Co, que le destinó a su delegación en África del Sur. En este país, la existencia de una gran comunidad hindú era fruto de la emigración en busca de mejores condiciones económicas. Sudáfrica era, como la India, colonia inglesa, aunque en su suelo se observaban fuertes enfrentamientos entre ingleses y boers holandeses.

La situación de la minoría hindú era de marginación y carencia de medios básicos de subsistencia, lo que pronto pudo observar Gandhi. Así, además de al ejercicio de la abogacía, Gandhi se dedicó a la creación de un partido político que aglutinara los intereses de los hindúes y luchara por defenderlos: en 1894 nació el Natal Indian Congress, órgano reivindicativo principal de la minoría hindú en Sudáfrica. Al estallar la guerra entre boers e ingleses, Gandhi tomó partido por los británicos y reclutó voluntarios entre la comunidad hindú para conducir ambulancias que atendieran a los heridos. Sin duda en su decisión pesaron sus creencias y su educación en valores como la caridad y la ayuda al prójimo, así como el hecho de considerarse miembro del Imperio Británico.

No en vano, Gandhi vestía a la inglesa, gozaba de altos ingresos y residía en una de las zonas más cotizadas de Durban. También en Sudáfrica ocurrieron otros acontecimientos fundamentales para la vida de Gandhi, como lo fue la lectura de textos cuyas enseñanzas calarían hondo en su manera de pensar y actuar. Gracias a la influencia de los textos de John Ruskin, Gandhi pasó a valorar en primer término el trabajo manual, es decir, lo conseguido por uno mismo mediante su propio esfuerzo; de Henry David Thoreau extrajo el concepto de desobediencia civil como modo de lucha y resistencia del individuo frente a la injusticia de las instituciones; por último, recibió la influencia del pensamiento de Tolstoi (en la foto), valorando el anarquismo pacífico como una opción transformadora de la realidad social. La síntesis resultante fue una doctrina original en su conjunto, que no en todos sus componentes, elaborada por Gandhi utilizando todas las influencias recibidas.

Dos principios propios de la mística hindú fueron la base de su sistema de pensamiento: la “satyagraha”, “fuerza de la verdad”, del que deriva el concepto de resistencia pasiva, y la “ahimsa”, “no violencia”. El primero supone la búsqueda de la verdad como camino de rectitud y virtud; es, por tanto, una acción, por más que su componente sea físicamente pasivo: resistencia, vigor y fe son creencias que tienen su reflejo en los actos individuales. El segundo, la “no violencia”, deriva de la “satyagraha”, y es su consecuencia directa: la fuerza de la verdad hará que se imponga por sí misma, no mediante la violencia; por ello, el daño que nos es infligido no ha de obtener una respuesta violenta por nuestra parte, sino la confirmación de nuestra posición a modo de resistencia. En 1906, los principios teóricos comenzaron a tener visos de practicidad.

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Mahatma Gandhi y la carta que le escribió a Hitler para detener la guerra