Iglesia y clases de religión

Publicado el 22 de Noviembre de 2005

La Iglesia Católica reclama que se mantenga la asignatura de religión (católica) tal y como estaba, esto es, computando para la media, y como asignatura que cuente a la hora de ver si un alumno repite o no.

Pues me temo que los deseos de la Iglesia tendrán que verse contrariados, y enseguida lo voy a explicar con un ejemplo muy sencillo, un ejemplo personal.

Antes sólo quiero mencionar que estoy muy en desacuerdo con muchas de las políticas del gobierno, y que en general no confío en los políticos. Creo que muchos, por no decir la mayoría son incompetentes, manipulables por los podersos y en muchas ocasiones, demasiadas, legislan claramente en contra de los ciudadanos y en favor de multinacionales.

Pero concretando:

Soy de la vieja escuela y tuve asignatura de religión, incluso cuando me dieron a elegir entre ética y religión elegí la segunda. ¿Porqué hice eso si soy agnóstico? Bueno, antes no sabía muy bien lo que era ser agnóstico y siempre he tenido curiosidad científica / histórica por la religión y su influencia en la sociedad. Además siempre me ha intrigado la psique, los procesos mentales que nos hacen, contra toda lógica o razón, querer creer en cosas que por mucho que le demos las vueltas son realmente absurdas. El caso es que lo hacemos.

Ocurre que si con algo estoy en desacuerdo no suelo callarme, y tal y como se planteaban las clases de religión, sobre absolutos irrenunciables, sobre dogmas de fe, yo simplemente no veía razón objetiva alguna para asentir o aceptar dichos preceptos. Entonces dí mis sinceras opiniones en los escritos que nos exigían. En concreto recuerdo que nos pedían un escrito sobre el significado de la Navidad a lo que, evidentemente respondí con total franqueza, esto es: una época de egoismo consumista, sin valores que no estuvieran basados en un escrupuloso respeto a la hipocresía, etc etc…, una fiesta religiosa estrictamente comercializada por el propio clero, etc… El profesor de religión, una vez vistos los trabajos me llamó a parte y me dijo que estaba impresionado por el escrito, que era muy bueno y meditado, que sin duda era de sobresaliente, pero que como me metía con la Iglesia no podía ponerme esa nota, y me puso en consecuencia un notable.

No sabría decir hasta que punto esa nota afectó a mi media escolar o a la posibilidad de entrar en tal o cual carrera. Seguro que en mi caso no pasó nada, y vista mi superioridad moral en aquella ocasión y el reconocimiento de fracaso de la Iglesia para conmigo no protesté (yo era el azote de los catequistas y me odiaban abiertamente cada vez que levantaba la mano para hablar) , aunque debiera haberlo hecho. La verdad, en el fondo era un buen chico y no buscaba lios. Pero ahora ya no soy tan buen chico.

Ahora pienso en la cantidad de chavales que tendrán que haber pasado por similar trance y con peor suerte de notas, cuántos habrán tenido que tragar y aceptar esos dogmas sin rechistar. Pienso en todo el mal que algo así genera y lo pienso más si considero las conclusiones que en cuanto a religiones tengo ahora, pasados los años, y tras muchísimas horas de darle vueltas al asunto.

Opino que creer en tal o cual religión es algo totalmente voluntario, o al menos no obligatorio. A nadie se le puede obligar a tener fe, y no se deberían desviar fondos públicos a una causa particular privada y concreta de una institución privada. Si aceptamos que no es obligatorio creer ¿porqué al final se valora precisamente esto? ¿Que pasa con los fieles a otras religiones? ¿Porqué deberían creer o aprender nada de lo que les ajeno e incluso herético? ¿Qué pasa con los ateos o con los agnósticos como yo? El tiempo debería dedicarse a otras cosasmucho más importantes. El que quiera tal o cual religión debería poder ir a su catequesis, sinagoga o templo. Creo que si se quiere saber algo de religiones, se deberán estudiar en la clase de historia ya que realmente tiene interés histórico.

No es, ni será jamás de recibo en un estado aconfesional que el gobierno subvencione las actividades de Iglesia alguna y de hecho, la autoproclamada libertadora de almas, la Iglesia Católica haría bien en autofinanciarse sin más dilación. Habría además que investigar exhaustivamente la legalidad de todas sus propiedades «terrenales» que son muchas.

Cuesta mucho desprenderse del estigma de la religión y pasarse al más puro escepticismo, como el que siento yo respecto a estas cuestiones, pero es peor seguir por inercia en las tesis de una organización con tantísmo poder e influencia.

Vivimos en una situación clave en la que el poder de las religiones declina en el mundo occidental y creo sinceramente, que por el bien de la humanidad, tenemos que hacer lo posible para que dicho poder cese definitivamente. La gente podrá elegir y desear creer en algo que llene sus vida con promesas extrañamente optimistas de futuro alimentando un peligroso conformismo, pero hay que evitar que las poderosas religiones influyan sobre la leyes civiles y penales, y mucho más hay que impedir que influyan sobre la educación de nuestros hijos.

La Iglesia Cristiana y la Católica en concreto, son el principal escoyo para el avance de la sociedad y vive alejada de la realidad. Siguen predicando sin escuchar a nadie y lo saben. Pero más saben que ya la sociedad despierta a una nueva conciencia en la que sus dogmas no tienen cabida y como otro tipo de industrias que no saben adaptarse quieren mantener su status quo sin adaptarse. Tuvieron su oportunidad de adaptarse, pero ahora ya la han perdido y del mismo modo que han optado por la línea dura de la división entre las gentes y la imposición, de igual manera hay que responder. Habrá que rechazar y tirar por suelo todos sus argumentos (si es que realmente existe algún argumento en toda su retórica).

Tendrán que aprender que la moral de la que hacen gala no es siempre de su propia cosecha; en más de una ocasión no fue inventada por ellos, sino por personas ajenas a religiones y también por no pocas religiones anteriores al cristianismo. En cualquier caso no es la única y está lejos de ser la mejor.

En un país civilizado el debate que se plantea nisiquiera existiría. La Iglesia haría tiempo que estaría desterrada del intervencionimo social y se limitaría a su trabajo, sin influir más en las leyes. Pero este nuestro país es especial, como dice el refrán y parece que realmente hay que discutir sobre este tema cuando está tan increiblemente claro cual es la conclusión a la que hay que llegar.

Mario Pena (cc) 2005 by-sa

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