La industria del entretenimiento y las malas elecciones

Publicado el 29 de Julio de 2005

Existen varias maneras de enfrentar los problemas, hay una manera que sólo satisface a una de las partes y otra que no satisface a nadie. Más o menos medio existe una que satisface a ambas partes. En la industria del entretenimiento se ha optado generalmente por la peor de las opciones, aquella que no satisface a nadie (salvo un par de estómagos desagradecidos) y que desemboca inevitablemente en una crisis, debe de ser cosa de tradición, pero siempre ha sido así. Pasó con los videocasetes, la radio, el gramófono, los CDRs e Internet, y seguirá pasando mientras existan avances tecnológicos que pongan la información más cerca, más rápido y más económicamente a la gente.

No obstante hay que tener muy en cuenta de lo que estamos hablando, porque si bien la industria del entretenimiento, nada o poco tendría que ver con la cultura, sus posiciones afectan a ésta de manera determinante al haber mercantilizado la casi práctica totalidad de la cultura del hombre por unas monedas de plata. Es muy poco lo que escapa a su dominio y se agarran con frenesí rasgándose las vestiduras cada vez que alguien intenta imponer un poco de cordura, sentido común y justicia.

El debate lleva mucho tiempo abierto y la postura de la industria es clara, a pesar de que las nuevas tecnologías demuestran de manera inapelable la insostenibilidad de su modelo de negocio basado en la escasez, prefieren llamar a sus clientes ladrones, insultarles a la cara y modificar las leyes de gobiernos débiles para perseguirles allí donde se escondan. Para la industria la copia digital es la peor de las pesadillas, a pesar de haber sido la herramienta que han usado ellos mismos para enriquecerse de manera casi obscena.

Y que conste que todo esto no nos importaría demasiado si no fuese porque dentro del paquete de esas leyes extremistas del copyright va también gran parte del saber humano, no sólo los exitazos del momento que se propagan previo pago a las radios y televisiones y que poco o nada tienen que ver con su calidad musical. Estos periodos de protección extremistas sobre la mal llamada propiedad intelectual , niegan el acceso libre a gran parte del saber humano, saber que debería no sólo estar disponible para los ciudadanos, sino que los gobiernos y todos los actores involucrados deberían facilitar masivamente y claro está, gratuitamente. Si no me creen miren que pasa con las traducciones con menos de setenta años de las obras de Platón… por poner un ejemplo.

Demasiado arriesgado ofrecer de manera libre tanta cultura, tanta verdadera cultura. Los ciudadanos podrían empezar a pensar por si mismos y podrían cuestionar la calidad de los truños que les pretenden vender a tantos euros la onza. Los ciudadanos podrían empezar a comprender incluso que no están solos, que este mundo está lleno de gente y que hay que empezar a aprender a convivir. Esto último sería arriesgado en manera suma, para lograr mantener el estado de guerra perpetua del hombre contra el hombre en sus tan variadas formas, como guerras preventivas, guerras legales, terrorismos, etc. Los ciudadanos podrían empezar a exigir a sus representantes, a sus políticos que solucionen los problemas, que trabajen de una vez y que lo hagan por el bien común y no sólo por sus amigotes, la industria del entretenimiento, los petroleros o los bancos (esa minoría que nos fiscaliza a todos).

Por todos estos motivos y porque es más cómodo no moverse del sillón y berrear terriblemente enfadados cuando las cosas cambian a nuestro alrededor, la industria se lanza a una campaña que hace aguas por todos lados, de la mano de sentimentalismos baratos, dogmatismos, falacias, verdades absolutas de dudosa calidad y viejas glorias de la música, el cine y la literatura que en realidad jamás trabajaron para ganarse el dinero que ganan ahora sin hacer nada.

Piensan que los ciudadanos serán eternamente ignorantes y que nunca se percatarán de su gran, gorda y desbordante mentira. Piensan que siempre nos podrán manipular mientras puedan ofrecernos televisión basura que nos quita de pensar en la oscura maniobra que se esconde detrás de cada insulsa y patética programación de una televisión. Piensan que siempre podrán abusar de nuestra paciencia mientras su ambición crece sin límite.

Pero puede que cada vez más gente se esté despertando de semejante pesadilla para encontrar las cultura del mundo secuestrada por las grandes corporaciones y puede que entonces los ciudadanos sean quienes tomen las medidas oportunas para responder con contundencia a esos que ahora, secretamente se ríen mientras dictan leyes absurdas a complacientes políticos de tres al cuarto.

Por cierto, aviso a la industria del entretenimiento: más afecta el descenso de las ventas de discos, el encarecimiento de la vivienda que la descarga de obras protegidas, algo que en realidad incentiva a dicha industria.

Pasará tiempo, pero al final a todos les llegará su momento de enfrentarse con la cruda realidad. Eso es tan inevitable con la verdad.

Mario (cc) by-sa-nc

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