Prison Break

Noah está en su pequeña celda. Hace tiempo que está ahí, ya van para dos años.
En dos años ha vivido una experiencia terrible, sobre todo por ser el primero de una nueva legión de presos.
Nada más entrar sufrió golpes y vejaciones que no se atreve a confesar a su abogado. Lo cierto es que su abogado no viene a visitarle mucho, tiene mucho trabajo. En los últimos años ha visto como decenas de representados corrían la misma suerte que Noah.

Y lo cierto es que Noah no está solo, aunque en el fondo todos los que le acompañan están solos. La soledad de la cárcel.

En la pequeña celda, originalmente para dos internados se ha tenido que habilitar para cuatro ya que la población reclusa se ha incrementado un cien por cien en los últimos meses y sigue creciendo. Ahora junto con Noah hay otros tres presos más, acaban de entrar y todavía tienen más años de condena por delante. Lo más terrible, piensa Noah, es que son más jóvenes que él, aunque no es extraño. Noah se siente viejo a sus veintisiete años… se siente viejo y cansado.
Pobres chicos, no saben lo que les espera… No saben que sus vidas ya no volverán a ser normales.

Hoy llegan a esta cárcel doscientos cuarenta y siente presos más… Noah no quiere verlos, porque ver el horror en sus rostros es recordar la pesadilla que ha vivido en los últimos dos años.

A Noah le quedan dos años más por delante y no piensa pasar un día más ahí dentro.

Noah es culpable, pero va a escapar.

Alguien pagará por haberle metido en la cárcel… y si tiene que volver a prisión que sea por algo que valga la pena.

Noah hace varios meses que se ha vuelto loco y es peligroso según dicen. Sonríe levemente, mira los barrotes, entrecierra los ojos y visualiza su huida.

A las dos de la madrugada de esa noche Noah camina ya libre por la calle. La calle está desierta aunque es sábado y los bares están cerrados, en realidad casi todos han cesado en su actividad. Antes de entrar en la cárcel las cosas no estaban tan mal… No hay carteles anunciando conciertos, ya nadie va a conciertos, ya no hay conciertos ¿cómo va a haber conciertos si ya no hay quien quiera ir a verlos? No hay taxis, la ciudad está gris y sin color. Noah lleva algo oculto en el bolsillo. No le ha costado encontrarlo en el callejón oscuro sobre el que le había hablado otro preso.

Aunque sabe que está prohibido, Noah decide silbar una canción. Se esconde, pasa una patrulla de policía. El vehículo está viejo y abollado, ha sufrido los embates de la furia de la ciudadanía. El mundo está sumido en la oscuridad. El crimen de Noah ha sembrado de miedo todos los rincones.

Noah silba la canción mientra se acerca a su objetivo… es un enorme palacio protegido por alambradas. Los directivos ya no salen a la calle, temen a la gente y están atrincherados desde hace meses. No será problema entrar para Noah. Ha aprendido tantas cosas en la cárcel que antes le repugnaban… que no hay obstáculo en el camino de su determinación.

Noah fue de los primeros que fue condenado a la cárcel por bajarse música y películas de Internet… y por compartir. Las entidades de gestión forzaron la ley, y pagaron a los políticos para influir en la justicia y que se condenara el compartir como algo ilegal. Así todo lo que fuera compartir fue ilegal, no podía ser de otra manera.

Los estudiantes iban a reformatorios si eran menores de edad, los adultos a la cárcel, la policía irrumpía en las casas, y la gente ya no hablaba con la gente por temor a ser denunciados. Ante la sospecha se espiaba y una y otra vez se demostraba que la gente seguía compartiendo. La gente seguía silbando, la gente daba consejos sin permiso de los autores de los consejos. La gente no respetaba la religión del copyright, la religión más sagrada de todas. La gente era pecadora y debía pagar por ello.

La industría del entretenimiento había ganado su partida, pero su absurda recompensa fue su auto destrucción pues perdieron el favor de la gente que les alimentaba. ¿Qué otra cosa podía esperar un negocio que insulta y encarcela a su clientela? La miseria se apoderó de los intermediarios, la crisis empezó a derrumbar una industria obsoleta. Y en su caída arrastró a cientos, a miles…

Claro que unos cuantos se quedaron con todo el dinero… unos cuantos tuvieron que recluirse en sus palacios de oro, temiendo la ira de la sociedad y creyéndose allí a salvo; unos cuantos obcecados en su propia codicia. Ciegos de soberbia.

El presidente de la entidad de gestión que forzó que Noah fuera encarcelado por compartir está en su despacho. Se ha sentado en su gran butacón cuando nota una fría brisa en la nuca… está seguro de que ha cerrado todas las ventanas. Entonces lo sabe, hay alguien detrás suyo… alguno de esos a los que han destruido la vida. La sangre huye rápidamente de su rostro. Teme… sabe lo que va a pasar a continuación. Sabe que este día iba a llegar… pero esperaba que fuera más tarde. Necesita tiempo ¿pero para qué?

Noah observa como ese ser encoje los hombros y empieza a sollozar.

Noah sonrie mientras lentamente saca un objeto metálico de su bolsillo.

En la noche, apenas un destello de luz. Un sonido amortiguado… y después tan sólo oscuridad.

Deja un comentario