No se me ocurre otro calificativo para esta banda mafiosa que mata gente para conseguir una repercusión que su supuesta causa no logra. Son genocidas por activa y por pasiva de los propios vascos. Igual exagero o me llaman demagogo. Me da exactamente igual. Es lo que pienso y pensamos muchos en esta tierra.
La banda criminal es cruel y repugnante hasta lo indecible y se lanzan a su charco de sangre con renovadas fuerzas ignorando de la forma más despreciable la voluntad de esos mismos vascos que dicen defender; ingnorando y despreciando la voluntad de un pueblo que quiere vivir en paz y sin la tutela de los amantes de la violencia. Los vascos tienen muchos y variados deseos, pero el primero y más mayoritario es que ETA desaparezca de forma definitiva.
Las pistolas, las bombas, el tiro cobarde en la nuca ante los familiares sólo demuestra que ETA y quienes apoyan sus métodos de coacción, extorsión y muerte, viven ajenos a la realidad y el futuro.
Mi más contundente condena. ETA no tiene ya más vía que desaparecer, porque hace décadas que han perdido toda capacidad de convencer. Tal vez aún puedan manipular a unas cada vez más reducidas bases, pero el tiempo ya se les ha acabado. ¿A cuantos más nos tendrán que matar para que se den cuenta de que no les queremos, de que no son ni han sido nunca necesarios? El problema es que aunque se den cuenta, la gente muerta, muerta queda. Y las familias destrozadas para siempre. Ese es el legado de estos «salvapatrias».
Sólo espero que los que hoy están ilegalizados como partidos condenen este acto de opresión y amenaza a los vascos, retiren el boicot planteado para el 9 de Marzo y dejen de acatar la tutela de los que manchan de sangre a la propia esperanza que se va desvaneciendo.
