Ayer fue un día especialmente triste. Los amantes de la violencia dejaron su repulsiva huella en nuestros corazones rotos.
Ayer la banda mafiosa etarra (sí, vencida desde hace décadas, pero que no se quiere dar cuenta y sigue matando en su huida hacia delante en el lago de sangre), asesinó a un trabajador, como hace cuatro años unos radicales fanáticos religiosos mataran a 191 personas en Madrid. Aquel día Batasuna mostró su rechazo al asesinato de honrados trabajadores y resto de pueblo. Hoy, la ANV asimilada por el entorno etarra, es incapaz de condenar lo mismo porque tienen que opinar que es distinto, ETA ha matado en nombre de un pueblo cuya opinión ignora cuando reclama la entrega de las armas (balas, bombas, etc).
ETA ha decidido morir matando, ya que se ha auto excluido de cualquier otra posibilidad. No pueden declarar más treguas, sólo les queda rendirse y eso no lo van a hacer, para desgracia de toda persona de bien.
Mañana los cobardes que todavía defienden el uso de la violencia deberían sentir la vergüenza más absoluta. Pero están tan manipulados que, simplemente no se atreverán a ir a votar. Ellos también están en el punto de mira de ETA. La disidencia en ETA se paga con la vida.
Pero los que defendemos la palabra y la razón tenemos una cita con las urnas, para votar en blanco, nulo, minoritario u otras opciones.
Manel lo refleja muy bien:
Ayer también se encontró el cuerpo sin vida de Mariluz. Una niña muerta más. Otra sonrisa apagada para siempre, otra esperanza desaparecida sin remedio.
Imposible imaginar el dolor de la familia. Imposible reflejar en palabras lo que se siente. Sólo queda unirnos al dolor en la medida que podemos.
La violencia muestra su auténtico rostro, cruel y por desgracia muestra de lo que algunos miserables humanos son capaces de hacer por uno u otro motivo.


