Una nueva economía basada en las ideas y la colaboración

La industria analógica del entretenimiento pretende usar en plena era digital las ideas y los sistemas de control que han usado en las últimas décadas. Sin embargo este modelo no es válido ni posible por más tiempo.

Uno de los argumentos más empleados por la industria, el de “si no se paga por la cultura dejarán de existir contenidos que intercambiar” es un argumento ad consequentiam y por lo tanto queda invalidado por lo falso de la consecuencia propuesta.

No hay más que observar cómo funciona la creación hoy en día para darse cuenta de la cantidad de contenidos que se crean, ya sean de corte profesional o no, sin que exista intermediación económica directa en su intercambio. La creación de contenidos es posible con o sin dinero de por medio. La cuestión, no obstante, no invalida el hecho de la necesidad de los humanos de recibir dinero para subsistir, sólo que el foco sobre el cual se produce el intercambio económico pasa de ser al hecho de la venta de contenidos a otros puntos del proceso creativo. Si se tiene claro este hecho y se actúa con honestidad, se pueden localizar los puntos de generación de intercambio económico sin demasiada dificultad.

El proceso creativo se basa en una cadena de valor. Hasta ahora ciertos intermediarios eran necesarios, pero en el punto en el que estamos, en el que los métodos de producción, publicación y distribución se socializan, es decir, son accesibles a gran parte de la sociedad y abaratan los costes de las grandes industrias, el valor de la creación está en las ideas, no tanto en las posibilidades de explotación masiva de éstas. Lo que prima pues es la calidad y la consecuencia de esta socialización afecta a la intermediación.

Este fenómeno afecta a los contenidos creados bajo el modelo obsoleto analógico y ahí es donde las tendencias y las costumbres chocan de forma dramática. Es necesario pues que la industria analógica cambie su modelo a uno digital antes de que su alejamiento de la realidad social sea demasiado grande e insalvable.

Podrá existir intercambio económico pero no por más tiempo en la venta de contenidos. Cada vez menos van a poder competir con lo que se está creando en la Red, sin ofrecer los servicios de calidad y diferenciación que los ciudadanos demandan. Sin duda el camino de la criminalización y la exigencia de fe religiosa y respeto unidireccional absoluto, no va a ser la solución a un modelo moribundo. Sólo la adaptación, la comprensión profunda del nuevo paradigma, podrá salvar el negocio y evitar los intentos de aniquilación de Internet.

La pretendida aniquilación de Internet, propuesta por varios presidentes de corte autoritario de muchos países europeos, no sólo no podrá salvar el modelo analógico obsoleto, sino que destruirá los modelos alternativos de pro común propuestos. Finalmente lo que se logrará únicamente será una situación en la que Internet será una simple herramienta de control de los ciudadanos, algo muy lejando a lo que podría llegar a ser si se permite a la ciudadanía explorar las nuevas posibilidades de compartir ideas y creatividad con libertad.

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