Una tierra en bancarrota moral

Ayer comentaba en casa sobre la opinión que el estado general de España me inspira. Tras analizar las últimas noticias relevantes en el panorama de la piel de toro llego a una triste conclusión: España no tiene futuro. No hace falta darle muchas vueltas para descubrirlo, pero lo resumo con unas cuantas noticias que dan la medida que soporta mis conclusiones.

– Se recorta la inversión en I+D+i. Lo único que hubiera podido atenuar la crisis en la que nos estamos sumiendo, es lo primero que se quita de enmedio, casi como si se tuviera miedo de demostrar que otra forma de crecer es posible.

– Hay cadáveres enterrados en las cunetas desde la guerra civil y posterior y muchos jueces no hacen nada. España no ha sabido leer la lección. Las páginas no pueden ser pasadas sin caer en una segura repetición el pasado.

– La corrupción campa a sus anchas en varios partidos políticos y sus votantes… les siguen votando. Sin reflexión, sin castigo, sin capacidad crítica.

– No dudamos en pagar 90 millones de euros por futbolistas. No vemos nada raro en eso.

– Si las prostitutas “molestan” se lanza a la policía a la carga. Algo que seguramente algunos pensarán sirve realmente de algo.

España y los españoles en general, que siempre hay excepciones, está sumida en su propia desgracia, en el deporte nacional de la envidia y el cómodo ejercicio de protestar por todo sin aportar solución constructiva alguna. La democracia está dañada. La gente está dañada. Estamos tan anestesiados por los programas imbéciles de la TV y la esperpéntica actitud de los políticos que parimos, que actuamos por el calor del impuslo para pasar a la inapetencia moral acto seguido.

Los científicos se van. Los innovadores huyen, la inversión alternativa que apueste por lo nuevo es inexistente. ¿Realmente alguien cree que existe alguna posibilidad para esta, por otro lado hermosa, tierra?

Cuando la mediocridad manda y subyuga la excelencia. Cuando premiamos al incompetente y al ladrón, al fascista y al imbécil es que algo falla. Y no fallan ellos, sino nosotros.

Lo peor de todo es que nuestro carácter colectivo, predecible, nos impide rectificar y mejorar. Tenemos y tendremos no cuarenta años de retraso con respecto a otras sociedades, sino doscientos.

Si tienen la posibilidad de escapar, háganlo. Es lo único que puede salvar a los individuos de valía.

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