Temo a los políticos pero temo más a los que los votan

España es un país en decadencia, o mejor dicho, un país que no ha sido todavía capaz de superar una época dictatorial. Guarda las formas, los mandatarios y las costumbres de hace años. Nada parece haber cambiado. Los políticos pocos, tal vez hayan empeorado, pero lo que sigue igual son los votantes.

España es un país que necesita volcarse en la tecnología y la innovación. Ideas como la del ministro de industria para acabar con la neutralidad en la Red son claros ejemplos de la deriva a la que estamos siendo llevados. Unos gobernantes incapaces e interesados, vendidos a la posibilidad de un beneficio inmediato, vendiendo cualquier posibilidad de futuro para esta sociedad y de paso destruyendo el Estado de Derecho.

Nunca nos hemos destacado por pensar a medio o largo plazo. Cuando la prefabricada crisis golpea nuestras costas nos lanzamos a defender a los que la han producido y nos olvidamos de lo que realmente importa, la tecnología, la creatividad, la productividad, los trabajadores.

¿Nos lo hemos ganado? ¿Hemos de resignarnos?

Creo que sí nos lo hemos ganado. Hemos cometido el error de creer en el espejismo una y otra vez pensando que alguno de los partidos mayoritarios haría algo por los ciudadanos. Pero de la decena de partidos principales ninguno ha sido capaz de dar la talla en un momento u otro. Creo que a estas alturas el sistema está tan corrompido que pocas opciones quedan ya.

La desobediencia civil es a estas alturas lo único a lo que algunos podemos agarrarnos mientras esperamos a que el resto de la sociedad se de cuenta de la charada en la que estamos metidos. Tal vez tardemos décadas, décadas irrecuperables. Tal vez este barco se hunda antes y no quede luego ya mucho que salvar. Al menos hemos avisado.

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Temo a los políticos pero temo más a los que los votan