Internet y las manifestaciones en la calle

Copio íntegro un comentario hecho hace unos días en Meneame a raíz de esta noticia:

Creo que es muy interesante y que deberíamos reflexionar sobre lo que comenta.

Es de inniyah:

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A lo mejor mucha gente se equivoca en el análisis. Creo que en algún momento alguien se dará cuenta de que cada cual se manifiesta como le da la gana. No sé por qué ese empeño en intentar forzar un mecanismo de protesta tan obsoleto como salir a la calle a pegar gritos. Ese es el terreno que los poderes establecidos conocen y controlan, y al que quieren que nos movamos para poder empezar a controlar la situación. Hagamos lo que hagamos para protestar, a los que están en contra siempre les parecerá mal. Tenemos que ir desarrollando nuestros propios mecanismos de protesta, no que nos obliguen a cumplir su manual del perfecto manifestante. Ese lo controlan muy bien, y saben como vencerlo.

Organizar una manifestación, en la realidad, no tiene nada que ver con la democracia, sino con la manipulación mediática y operativa, Todos sabemos que en las grandes manifestaciones se ponen autobuses para llevar allí a diversos colectivos, se les invita a un bocadillo o se tiene un detalle de alguna clase con ellos, se impulsa desde los sindicatos y desde los medios (que también son parte del juego). Muchas veces me da asco esa forma de hacer política manipulativa, y estoy segura de que también se lo da a mucha otra gente. Creo que tenemos que buscar nuestra forma de hacer la guerra, y no que se nos empuje a hacerla en su terreno, aquel que conocen y controlan (controlan las administraciones, los medios, los sindicatos, la policía, etc). Y luego, se establece la batalla real en los medios, con las administraciones de por medio, en base a una guerra de cifras, que ni siquiera son creíbles, pero que realmente no le importa a ninguna de las partes. En la realidad, solamente funcionan las manifestaciones pro-sistema. Pro alguno de los sistemas. Estoy plenamente convencida de ninguna de las manifestaciones a las que he acudido en toda mi vida ha servido para nada.

¿O acaso creen que la gente no se moviliza porque está encantada con nuestros políticos? Para nada, es justo al revés, la gente no se moviliza porque cree que todo lo que rodea a la política es y será una mierda, se haga lo que se haga.

El tiempo dará la razón a quienes piensan que poco a poco la gente asimilará totalmente el borreguismo como algo intrínseco a su cultura, o quienes piensan que acabará siendo una olla a presión que cuando más tarde en reventar, peor será. Imagino que todo el mundo por aquí está familiarizado con V. En V, el grueso de la gente no se mueve hasta que ya es muy tarde. Evidentemente es una metáfora, pero ¿por qué habría de ser diferente? En nuestra historia, nunca se ha solucionado ningún gran problema social de forma razonable, a pesar de que todos se han ido viendo venir en su momento. El cortoplacismo de nuestras sociedades hace que todos los problemas se aguanten hasta el final, y se resuelvan de una forma explosiva.

La verdadera manifestación será en las urnas, aunque intuyo que fundamentalmente será en la línea de mandar toda la política a la mierda y ni siquiera molestarse en votar. Y -espero que me equivoque- tampoco servirá para mucho, todas las candidaturas políticas que tienen alguna opción teórica de cambiar algo están vendidas a los mismos grupos de poder. Al menos es el sentimiento general.

La única lucha que está funcionando ahora mismo, es la desobediencia civil. La Ley Sinde y toda la censura que quieran poner -que es de lo que va el tema- solamente servirá en tanto en cuanto puedan hacerla cumplir. Y, aunque es previsible que en el medio plazo podrán, como han hecho con todo, la batalla ahora mismo es poner todas las trabas posibles. Lo estamos viendo en países como Suecia o Francia, con el auge de las VPNs y las protestas de la policía, o con todo lo que ha pasado para conseguir hacer sobrevivir a WikiLeaks. Esa es la vía que realmente les duele. Todo lo que sea salir a manifestarse en la calle, sinceramente, se la suda, Es lo que les gustaría que hiciéramos. Que estaría muy bien que nos volcáramos todos en una mega-manifestación al estilo V, pese a que mucha gente vivimos lejos de Madrid, cierto, pero eso no es lo que va a hacerles cambiar de idea.

PS: Siento el planteamiento tan desordenado de ideas dentro de este mensaje, posiblemente incluso contradiciéndome en parte a mi misma en algún punto, pero no tengo ni tiempo ni ganas ahora mismo de estructurarlo mejor, con lo que lo he escrito tal cual me ha salido del alma.

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Internet y las manifestaciones en la calle

Libros con DRM o cómo hacerlo con un rallador de queso

El hombre es el único animal que tropieza más de una vez con la misma piedra. Es cierto. De hecho es el único animal que tropieza siempre con la misma piedra; que a pesar de ver un cartel con lucecitas y todo que dice “cuidado con la piedra”, el hombre se da la vuelta y vuelve a tropezar… Y Así una y otra vez  hasta la nausea.

La industria de los ebooks ha optado por poner DRM a sus contenidos en un desesperado intento de controlar a esos díscolos y criminales lectores. Esa es la maravillosa solución por la que han optado. De poco ha servido ver cómo de bien han funcionado esas soluciones a la industria de intermediarios de la música ¿cómo servirá a la publicación de ebooks?

Lo diré claro parafraseando a Ford Fairlane: “poner DRM en un libro es como hacerselo con un rallador de queso, por un lado es algo que no puede durar pero que sobre todo es doloroso”.

Porque poner un DRM envía varios mensajes a los lectores:

1.- Sois unos criminales en potencia con demasiado de esa cosa tan hippie llamada libertad. Tenemos que controlaros cueste lo que cueste.

2.- Como lo digital se puede copiar y compartir sin casi costo, pero preferimos en vez de un supuesto ahorro o bajada real de precios seguir ganando más si cabe, tenemos que crear una falsa ilusión de escasez de libros para que pageis sin rechistar lo que marquemos.

3.- El contenido podrá desaparecer a nuestro criterio.

4.- El contenido con DRM es un contenido DoA (Dead on Arrival). Debido a la rápida obsolescencia de la tecnología un contenido con DRM está condenado a desaparecer mucho antes que uno que no lo lleve.

Pretender seguir engañando la realidad creando una escasez donde no existe, en un entorno en el que cada vez más escritores de calidad van a poder encontrar mecanismos y sistemas para llegar de forma más directa a sus lectores, donde el DRM es un desafío para hackers, donde la preservación de la cultura debería ser una prioridad, meter DRM en los contenidos es sin duda la peor opción tanto para el lector, el creador, como para los posibles modelos de negocio realmente sostenibles.

Safe Creative #1006106557850

Libros con DRM o cómo hacerlo con un rallador de queso

Querer pagar o querer cobrar, he ahí la cuestión

No es un debate nuevo, pero últimamente estoy leyendo muchas noticias sobre si los internautas (los ciudadanos en realidad) están dispuestos a (o deberían) pagar por los contenidos digitales que se encuentran en Internet. Me parece en cierto modo una pregunta capciosa en la que se busca que la respuesta negativa lleve a la conclusión de que los internautas simplemente no quieren pagar nada a los creadores, que por lo tanto son unos desconsiderados.

Materials Aart CC by-sa
Funny Money by Materials Aart CC by-sa

Creo que la pregunta se puede plantear en los términos opuestos para ver cual es la diferencia. Así pues nos tendríamos que preguntar ¿van las industrias del entretenimiento a seguir queriendo cobrar por los contenidos que se diseminan digitalmente?

¿Porqué debemos plantear la pregunta así?

En la primera pregunta se da por sentado que debemos seguir viviendo en un contexto de economía de contenidos analógica y se obvian los hechos digitales de la realidad actual. Es decir, no se entra a valorar que la escasez de distribución, copia, publicación ya no existe. No se reconoce que lo que ocurre es que más bien lo escaso es la calidad y la atención del consumidor.

En la segunda pregunta se pregunta a la industria en los términos de la realidad digital ¿deberían seguir cobrando por los contenidos o ya no?

Parte de precio que se ponía a los contenidos que se vendían en el siglo XX y en menor medida en el siglo XXI tenían un componente de distribución, duplicación, marketing, publicidad, filtrado, edición, selección, etc. Esas cantidades se incorporan a lo que recibía el autor de la obra. En general lo que recibía el autor era una cantidad pequeña comparando con los importes que en suma se llevaban los intermediarios.

En pleno siglo XXI los mismos intermediarios quieren cobrar lo mismo aunque ya no sean necesarios, ni sea el mismo trabajo o tenga la misma intensidad. El autor original sigue, sin embargo, cobrando lo mismo. Uno podría imaginar que habrá autores que cobren menos y reciban de sus productores, promotores e intermediarios todo tipo de escusas relativas a lo malos que son los ciudadanos que no quieren pagarles. Notemos que la industria del entretenimiento (en general) está ganado cada vez más dinero “a pesar de todo”.

Lo que vemos es que en la pregunta primera se plantea que la gente siga pagando por todos esos conceptos, en la segunda se plantea si es lógico cobrar por algo que ya no se hace, no es necesario o se puede lograr por otras vías mucho más económicas con una mayor rentabilidad.

Gran parte de la selección, distribución, edición, marketing, duplicado o publicación la realizan ahora los propios usuarios, ciudadanos, consumidores o internautas, como los quieran llamar. Sería justo llegar a la conclusión de que sería a éstos a los que habría que pagar parte de lo que va destinado a la intermediación. En justicia, creemos que esos agentes no piden dinero, por lo que lo correcto sería por lo menos que todo eso lo pudieran hacer gratis pues redunda en un beneficio posterior al propio autor que puede llegar a más gente por mucho menos dinero. Es más, podríamos llegar a una situación en la que todo el dinero que se genera entorno o por una obra lo perciba el autor original pudiendo ganar mucho más que en el modelo anterior.

La clave reside en vincular y saber medir la influencia de todos esos ciudadanos en el éxito o fracaso de una obra. Aprender a rentabilizar y promover esa gestión es sin duda un trabajo interesante a nivel de intermediación que nos permite vislumbrar la necesidad de una rápida conversión de parte del sector del entretenimiento.

Así pues la cuestión es esa ¿va la industria a querer seguir cobrando por los contenidos online? Los ciudadanos ya estamos pagando, con nuestro trabajo de intermediación, nuestra atención y sí, también deseando pagar directamente a autores y productores.

Safe Creative #1002195552646

Querer pagar o querer cobrar, he ahí la cuestión

La crisis de la industria del entretenimiento no existe

Por mucho que lo repitan, incluso los datos oficiales dados por el gobierno llevan la contraria a los lobbys de ciertos intermediarios:

“En pleno proceso de transición hacia la digitalización, la industria de los Contenidos Digitales, registra un crecimiento de sus ingresos, casi un 16% con respecto al año 2007, siendo la partida de la Industria de los Contenidos, la que más crece en el año 2008. El Sector de los Contenidos facturó en 2008 un total de 15.858 millones de euros, de los cuales un 31% procedían de Contenidos Digitales. En 2003 este porcentaje era del 20%, incrementándose en 11 puntos porcentuales. “

Por lo que debemos preguntarnos varias cosas como:

¿Será que una parte de la industria gana menos que otra que empieza a ganar más?

¿Será la obsolescencia y la necesaria reconversión lo que temen?

Pero lo más terrible ¿a qué obedecen realmente las políticas totalitarias francesas, italianas, inglesas, españolas o estadounidenses (por poner sólo unos ejemplos) para cercenar la naturaleza de Internet?

Creo que ante lo que nos encontramos no es otra cosa que una serie de intentos de acabar con la libertad de la Red y por lo tanto de la ciudadanía. Acabar con el foro global de crítica constructiva, informada y disidente. Una forma más de controlar el pensamiento.

La crisis de la industria del entretenimiento no existe

Manifestación obligatoria señor sí señor

No comprendo muy bien porqué tenemos que seguir midiendo el éxito de una protesta por el número de manifestaciones en la calle que se convocan y por el número de asistentes que acuden a éstas.

Bueno en cierto modo, lo comprendo, pero no entiendo porqué en el entorno digital tenemos que seguir midiendo las acciones digitales con métricas analógicas. Supongo que se trata de una crítica fácil y simplona a algo que tiene un complejo engranaje detrás.

Lo cierto es que pocas veces se hace el análisis inverso. Es decir, no veo a mucha gente midiendo el impacto de una protesta en la calle en Internet y seguro que sería interesante analizarlo en profundidad. Veremos que más o menos exitosas convocatorias analógicas tienen un rechazo mayoritario en la gente que extiende su vida por la Red. Porque Internet no es sino una manifestación digital de nuestro yo analógico. Internet es parte de la calle y la expresión de los Internautas es importante porque es el reflejo de la posición de muchos ciudadanos y juega con reglas distintas y desconocidas para no pocos.

Mi visión es un poco digital en estos temas, pero encuentro muchas manifestaciones analógicas muy poco importantes si las comparamos con la fuerza creciente de la  presencia de ideas nuevas y originales de Internet que desafías los viejos y trasnochados conceptos analógicos.

Eso no significa, ni mucho menos, que no haya que emprender acciones analógicas, que no haya que levantarse del sillón de vez en cuando y atravesar media España desafiando la nieve y la tempestad para defender lo que consideramos justo. Pero lo que seguro que no podemos es aceptar que se mida un movimiento creciente, disperso pero cada día más fuerte, por prejuicios de una generación que se quedó atascada en el siglo XX.

Licencia del texto: CC by 3.0
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Manifestación obligatoria señor sí señor

Vender o no vender manzanas digitales, esa es la cuestión

Imaginemos por un momento que alguien encuentra una fórmula para hacer crecer manzanos que den manzanas sin necesidad de tierra, agua o aire. Imaginemos que cualquier persona pudiera tener en sus casas uno de esos fantásticos manzanos.

¿Sería lógico seguir manteniendo un modelo de negocio basado en la venta y distribución de manzanas?

Según parte de la industria del entretenimiento, la que basa su modelo de negocio en la intermediación, sí.

By Torley cc by-sa
By Torley cc by-sa

A este revelador hecho añadiremos que son de los que llaman criminales a los que tienen esos fantásticos árboles en su casa porque destruyen “puestos de trabajo”, o mejor dicho evidencian, la obsolescencia de quienes ya no hacen falta.

Lo cierto es que duplicar átomos no es posible hoy por hoy. La materia no se crea de la nada, pero lo que sí se puede hacer con facilidad es duplicar bits. Existe una diferencia importante que algunos pretenden soslayar.

Sí que es cierto que las ideas, al menos las buenas, son escasas y el acto de crear contenidos de calidad no es duplicable, pero ese es en realidad otro tema muy distinto al que se discute o por el que se llama criminal al usuario potencial; que no es el otro que el acto de duplicar el contenido creado por parte de cualquier ciudadano.

Siempre se ha cuestionado si alguien es dueño completo y total de la obra que crea. Hoy más que nunca es evidente que no puede serlo, no al menos de forma categórica o que se pueda limitar con excepciones a sus derechos sin invadir los de los demás. No es posible un equilibrio que fomente el respeto si existe un desequilibrio de base; el de la privación del receptor del mensaje del creador de cierto derecho sobre dicha obra.

En otras palabras, toda obra se debe en menor o mayor medida al entorno, a lo pasado y lo presente. Toda creación pertenece en cierto grado al lo común.

Incluso la ley lo establece así con el dominio público. Las obras vuelven al dominio público tras unos determinados periodos de tiempo. Lo curioso es que esa pertenencia al dominio público con su manifiesta utilidad a la comunidad exista de forma absoluta tras un tiempo arbitrario y no antes ni en grados.

La única forma de solucionar los problemas que la industria del entretenimiento se está creando pasa por aceptar la realidad y salvaguardar el derecho a la copia sin ánimo de lucro de cualquier contenido una vez ha sido publicado. A partir de ahí podremos valorar la calidad, la originalidad y retribuir de forma directa o indirecta al artista y los intermediarios necesarios que queden o se adapten.

El negocio no será pues la venta y distribución de manzanas, sino la creación de nuevos árboles fantásticos que sacien el hambre de conocimiento, cultura y entretenimiento.

Actuar de otra manera es un ejercicio de irresponsabilidad por parte de industria y políticos y por ende de quienes votan a estos últimos.

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Vender o no vender manzanas digitales, esa es la cuestión

Sociedad fallida

Puede que como sociedad hayamos fallado si finalmente juzgamos a nuestros jóvenes como criminales por el hecho de compartir contenidos.

El reciente caso de Joel Tenenbaum muestra de forma clara y sin lugar a dudas la saña y el desprecio de gran parte de la industria del entretenimiento hacia una juventud que despierta del engaño de unas leyes injustas, obsoletas y absurdas.

Las cabezas de turco y los importes exigidos son escala por la que medir el miedo oculto de una industria y una sociedad aterrorizada por la inevitable realidad digital que desafía todos los dogmas que durante unos pocos siglos se han impuesto contra toda lógica o sentido común.

Como conclusión podremos deducir que la industria, representada por la RIAA, no ha demostrado razón alguna en su planteamiento sobre el copyright restrictivo, sólo se han reafirmado sobre lo que ya conocemos; que tienen fuerza y que carecen de eso llamado escrúpulos. Han demostrado que tienen dinero y pisarán a quien sea preciso con tal de mantener el engaño que han vendido a sus accionistas en la ingenua creencia de que podrán mantener modelos de explotación y distribución analógica en un entorno digital. Sin duda son muchos sueldos y muy altos de asesores y abogados que dicha industria alimenta.

Sin embargo cada uno de nosotros tiene responsabilidad en este peligroso juego. ¿De verdad queremos una sociedad en la que consideramos a nuestros hijos criminales por el hecho de acceder a y compartir contenidos de la manera que la realidad tecnológica, la realidad de los propios contenidos y el futuro sugieren?

Si es así, entonces ya hemos fracasado socialmente, si es que no lo habíamos hecho antes con tantas otras cosas en el fondo mucho más graves. Si no vemos el peligro y lo absurdo de esta postura mejor haríamos en hacernos a un lado y dejar que una nueva generación tome nuestro lugar. Tal vez ellos, venidos al mundo en pleno nacer de la era digital, sean capaces de cambiar las leyes y dejarán de verse a ellos y a su futura desdendencia como los malvados seres que algunas industrias nos pretenden hacer creer que son.

Sociedad fallida