Mis recuerdos del festival de cine: el autógrafo que nunca pedí a Quentin Tarantino

Es cierto, tengo un autógrafo de Quentin Tarantino. No se lo pedí, es cierto, él me lo dio. Digamos que al final fue una especie de regalo de un amigo cinéfilo y algo pirado a otro amigo cinéfilo también bastante pirado.

La historia arranca hace ya más de una decena de años, cuando trabajé para el Festival Internacional de Cine de San Sebastián como ayudante de relaciones públicas. Creo que fue en el 94 si no me equivoco.

Yo, he de reconocer, estaba un poco verde por aquel entonces y no es que controlara mucho el mundo del cine. Siempre me ha gustado, pero no estaba a la última, por así decirlo.

mario y tarantinoUna mañana nos fueron dando noticias sobre quienes llegaban a San Sebastián con el fin de repartir tareas. Uno de los directores que llegaban era Quentin Tarantino que presentaba Pulp Fiction, película que acababa de estrenar en los EE.UU. Yo había oído hablar, aunque no visto, de Reservoir Dogs, pero la única película que había visto de él era Killing Zoe. El caso es que cuando hablaron de que Tarantino llegaba en tren a una estación de Francia un colega de azafatos que no estaba en RR.PP. pero era gran admirador del director me pidió que me lo asignara porque así me acompañaría él y podríamos ir a recogerle juntos. Como Tarantino es muy alto y yo también lo soy me lo asignaron sin problemas. Es curioso, pero los azafatos altos no caen bien a algunos actores que son más bajo, en cambio se nos asignaba fácilmente a actores más altos y a cualquier actriz. De hecho a las mujeres famosas les parecía muy bien ir con azafatos altos y apuestos, jeje.

Cuando llegamos a la estación y tras esperar algunos minutos llegó Tarantino junto con un acompañante o asistente, cuyo nombre ahora no recuerdo. Llegó peculiar el hombre, con pantalones cortos y chancletas. Poco convencional, todo hay que decirlo.

Lo primero que me llamó la atención fue que Tarantino no se lo tenía nada creído. Era caprichoso en ocasiones y terriblemente impuntual, pero podías hablar con él como si de un amigo de toda la vida se tratara.

Los días que me encargué de él fueron muy intensos y dejaron un buen reguero de anécdotas.

Por ejemplo la de las pelis que iba o dejaba de ver. Un día me vino Danny Boyle a preguntarme si le podría pedir a Tarantino que fuera a ver su película Shallow Grave. Se lo pregunté y Tarantino me dijo que no iría a verla. Tuve que ir de nuevo a hablar con el futuro director de28 Días Despuésa decirle que Tarantino pasaba. Me rogó que insistiera, cosa que hice claro y Tarantino me dijo, “mira Mario, Shallow Grave la puedo ver en el cine en EEUU cuando quiera, pero aquí quiero aprovechar para ver películas en el cine que de otra manera sólo podría ver en video y ni eso“. Se refería a películas de ciclos de reposición, en concreto a películas de los años 30, 40, etc. Así pues que volví donde Danny Boyle y le dije que definitivamente Tarantino no iría en San Sebastián a ver Shallow Grave, pero que la vería en EE.UU. Por suerte a este director le ha ido muy bien con el tiempo.

Esta anécdota enlaza con las veces en las que Tarantino decidía que quería ver una de esas clásicas películas en blanco y negro. Al ser un VIP me bastaba con llamar al cine y anunciar que asistiría Tarantino para que reservaran una fila de asientos a su nombre. Recuerdo que llegamos para ver “Frog Over Frisco” de 1934 y pasó de la fila reservada, prefirió sentarse cerca de la pantalla y allá que me senté yo con él a ver la peli como si fueramos dos colegas. Le pregunté si quería palomitas o algo así y dijo que sí, que palomitas y Coca Cola, así que fuí a comprar. Supongo que pensó que eso lo pagaba el Festival, cosa que no era así, lo pagué de mi humilde bolsillo. Lo genial fue ver la peli con él. Se lo pasó en grande, riéndo a carcajadas (bien altas) en cuanto algo le parecía genial o divertido en la peli. Toda una experiencia ir al cine con Tarantino.

Creo que la anécdota más curiosa vino de hecho del día en que se estrenaba su película, Pulp Fiction. A la mañana contactaron conmigo de la sala de cine para preguntarme si Tarantino asistiría a la sesión. Le pregunté y me dijo que sí, que iría unos diez minutos al comienzo de la película y que luego se marcharía. Así lo comuniqué. Cuando llegamos al cine resulto que incomprensiblemente me habían entendido lo opuesto, que no iba a asistir y hete ahí que me presenté con Antonio Llorens presidente de de Lauren Films (la distribuidora en España de la película) y Quentin Tarantino y no había sitio para ninguno de los tres. Evidentemente me enfadé bastante, así que me puse a discutir con los jefes de sala para que buscaran un sitio y se pusieron a ello. Tanto Llorens como Tarantino desaparecieron de mi vista en ese momento y se metieron en la sala. Fui a buscarles dentro de la sala y me encontré a ambos sentados en mitad del pasillo, increible la cara de un chaval que sentado en una butaca se percató que a su lado estaba el director de la película que estaba viendo.

Cuando volvieron los del cine diciendo que ya habían encontrado un palco vació Llorens y Tarantino decidieron que estábamos más cómodos sentados en el suelo, sin corbata, según dijo Llorens, eso sí. Así que todos nos quitamos la corbata y ahí nos quedamos a ver el principio de Pulp Fiction. En eso llegó una acomodadora y nos conminó a levantarnos de ahí, que el pasillo tenía que quedarse libre por cuestiones de seguridad. Ahí me puse un poco burro y le dije con cierta destemplanza: “este que está sentado aquí, es el director de esa película de ahí, así que aquí nos quedamos“. La buena mujer se marchó palidecida ya no volvió a aparecer.

Finalmente Tarantino se quedó hasta casi el final de le película, luego me confesaría que estaba disfrutando tanto con mi reacción y la del público en general, que se hubiese quedado la película entera, y le dio pena tener que marcharnos unos minutos antes del final por motivos de agenda. Tal vez lo más llamativo es estar al lado del director de la película cuando él mismo sale interpretando a uno de los personajes.

De camino al hotel le pregunté cómo se le había ocurrido lo de la katana en la famosa escena protagonizada por Bruce Willies. Lo primero fue que él no sabía qué era katana, aunque luego sería una herramienta recurrente en películas futuras, la llamaba “japanese sword”. Me comentó que cuando idearon la escena al principio sólo había un arma, pero que a la hora de elegir el arma no se ponían de acuerdo, todas las sugerencias les parecían buenas, así que las incluyeron todas. Sobre lo que contenía el maletín me dijo que no había nada en concreto, que no se llegaba a saber y que cada espectador tenía libertad de imaginar lo que podría haber dentro. Ellos mismos no tenían mucha idea de qué podía ser lo que hubiera dentro.

Es parte de la magia del cine.

En fin, tras esa curiosa anécdota alcanzo a recordar que en alguna fiesta estaba siempre detrás de Greta Scacchi, bastante famosa en alquel tiempo y que estaba también invitada al festival.

El día antes de irse le pedí, por encargo de un amigo, un autógrafo y me lo dio enseguida. Cuando al día siguiente le acompañaba en el coche oficial cuando se marchaba, me preguntó si yo quería un autógrafo suyo. Le dije que muchas gracias, que no hacía falta, que yo no era de pedir autógrafos para mi (sólo he pedido dos en mi vida). No me hizo el menor caso y al rato de garabatear en una hoja de papel me dió un autógrafo que guardo con especial cariño. Dice lo siguiente: ” Para Mario, gracias por cuidar tan bien de mi. Me encantó ver mi película a través de tu ojos. Mucho Gracias. Quentin Tarantino.”

Guardo ese autógrafo que nunca pedí como uno de esos tesoros de aquella época. Fue todo un placer conocer a Tarantino y si alguna vez me lee, gracias a él por ser tan genial.

Autógrafo que me hizo Quentin Tarantino

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Mis recuerdos del festival de cine: el autógrafo que nunca pedí a Quentin Tarantino

4 comentarios en “Mis recuerdos del festival de cine: el autógrafo que nunca pedí a Quentin Tarantino

  1. La verdad es que fue un poco caos, pero supongo que porque no era convencional. No iba de divo, era terriblemente coloquial. Hablar con él era como hablar con un colega que sabe mucho de cine, ameno y divertido, como un niño grande.
    Recuerdo también, que no lo había puesto, que me dijo que la única diferencia que había notado con la pasta y la fama era que ahora podía entrar en una tienda de CDs y comprar lo que le apeteciera… 🙂

  2. Damián dijo:

    ¡Hola!
    Buscando información sobre el puesto de ayudante de relaciones públicas en el Festival de San Sebastián me he encontrado con tu artículo, y, como va a ser mi primer trabajo “grande” porque aún estoy estudiando, me preguntaba si podrías contar un poco qué se hace en este puesto.
    ¡Muchísimas gracias!
    Damián

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