En ACTA los políticos traicionan a la ciudadanía negociando el fin de Internet en secreto

Algo muy oscuro está ocurriendo para que los políticos, sin poca vergüenza en general, para esta ocasión hayan optado por el más absoluto de los secretismos. ¿Qué tiene de malo ser transparentes en negociaciones que afectan a nuestras libertades? Hoy en Corea están decidiendo cómo va a ser no sólo la Internet del futuro, sino de qué manera van a eliminar todas nuestras libertades en relación a privacidad en Internet.

De espaldas a los mecanismos parlamentarios seguros de lo improbable que sus medidas superaran el mínimo escrutinio público, se ha optado por no mostrar nada, decidirlo todo a nivel entre empre…. digoooo, gobiernos y dar el resultado final que no será otro que imponer el modelo dogmático del copyright más restrictivo.

Se acabó el compartir, se acabó el encriptar, se acabó la inviolabilidad de nuestras comunicaciones. Se consumará el robo de las empresas del dominio público. El que país que no acepte la caza de brujas de ACTA no podrá comerciar con los países suscritos. Aquellos países cuyas constituciones no permitan lo que pide ACTA serán forzados a cambiar las constituciones o a buscar toda clase de trampas para forzar que se pueda hacer.

El fin se acerca y la traición largamente esperada y avisada se consuma.

Daremos más información con detalles ya que todo va trascendiendo. Mientras tanto leed esto. Está en inglés pero podéis usar algún traductor online.

Sobre ACTA por EFF

Las medievales consecuencias de ACTA en Canadá

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En ACTA los políticos traicionan a la ciudadanía negociando el fin de Internet en secreto

La Ley de la Propiedad Intelectual convertida en perversa

Cuando se crearon las primeras leyes de propiedad intelectual y de copyright hubo muchas opiniones en contra de éstas. Opiniones muy bien fundadas, brillantemente argumentadas por no pocos autores. Finalmente los intereses de las industrias que veían peligrar sus modelos de negocio se impusieron a la lógica y el sentido común, tendencia que ha continuado hasta hoy en día. Han pasado siglos y la última revisión de la Convención de Berna se produjo en 1979, hace unos 30 años, cuando la era digital no se estaba ni empezando a soñar siquiera.

La era digital, la comprensión actual, la lógica que sigue el proceso mental humano ha puesto tan en evidencia las carencias y faltas que en su día, hace dos siglos se apuntarons en los debates precedentes a las leyes de derecho de autor, que la situación se ha vuelto insostenible y hasta perversa.

Según redacciones y conceptos de hace dos siglos o como mucho treinta años, muchos de los usos que hoy hacemos de la tecnología, muchos de los usos lógicos y consecuentes que los ciudadanos realizan son considerados, según ciertas interpretaciones de esas leyes, como delictivas.

El intercambio de contenidos, la copia de contenidos, la distribución de contenidos sin ánimo de lucro se consideran acciones ilegales. La pregunta que tenemos que hacernos es una pregunta honesta ¿porqué es eso ilegal? Lo dice la ley. Tal vez el problema sea la ley entonces, y no los usos y costumbres de la ciudadanía. ¿No se contempla nunca esa posibilidad? Debería. Porque la gente que comparte contenidos de terceros no tiene la idea o intención de causar daño a esos creadores. Más bien es justo al contrario. Es más, es la gente que luego más anima la economía, que más gasta, que más compra, que más aporta a la sociedad, que más y mejor acaba también creando.

Estamos ante unas leyes perversas que mantienen en un rango de dogma religioso la creencia fuera de toda cuestión de que “todos los derechos reservados” es una idea aceptable e incuestionable.

Ha llegado el momento de preguntarnos si es cierto que cualquier autor se puede reservar todos los derechos, si tiene lógica y sentido prohibir el intercambio sin ánimo de lucro de los contenidos.

De la misma forma que la creación es imposible si no se  ha tomado prestado algo de nuestros predecesores y nuestro entorno, lo que creamos también se debe devolver en alguna medida a nuestro entorno y nuestros sucesores. No se puede encerrar lo tomado, no podemos hacer sin devolver parte. No podemos ser intelectualmente honestos si no reconocemos que nuestros logros tienen una deuda con el resto de la sociedad. Para bien o para mal hay que aprender en humildad a devolver, a ceder algunos derechos.

Volvemos pues a la Ley de Propiedad Intelectual y al Copyright. Es preciso enmendarlas, cambiarlas de arriba a abajo. Introducir los hechos científicos, eliminar las opiniones y la pasión. Hay que cambiar una ley para que la ciudadanía no sea llamada pirata por entender Internet y la tecnología. Hay que defender que el análisis científico se excluya en la toma de decisiones en un tema tan importante.

Es preciso rescatar la cultura del discurso demagógico de la presunta protección de los autores cuando lo que se quiere proteger es una elección de modelo de negocio basado en la pura especulación, en la escasez irreal de unos contenidos que no son escasos, sino que se pueden duplicar, multiplicar sin más límite que la necesidad humanda de saciar el hambre de conocimiento.

Claro que eso perjudica precisamente a aquellos que legislan. Acabaríamos teniendo sociedades con capacidad de pensamiento crítico. Gente difícil de manipular. Eso no gusta a los enemigos de la Libertad y la Justicia.


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La Ley de la Propiedad Intelectual convertida en perversa

El nuevo paradigma de la creación

“En la era digital los creadores y distribuidores de contenidos nos hemos convertido en consumidores de la atención de nuestros usuarios.”

De alguna manera el modelo de negocio ha cambiado y es más importante fidelizar y hacer lo necesario para ofrecer nuestros contenidos que exigir que nos rindan pleitesía bajo el dogma de los incuestionados derechos de los autores.

La atención de los ciudadanos es escasa y la cantidad de contenidos es inmensa. O empezamos a cambiar de mentalidad, cosa que implica humildad, o los negocios nuevos que se creen para aprovechar esta explosión de creatividad fracasarán.

El nuevo paradigma de la creación