Tiempo de Inocencia

De Miguel Pena

Tiempo de inocencia que ya no podrá volver
que ha volado con las alas del infierno y del tiempo
más allá de la cordura y la verdad
Héroes de otro mundo que una vez fue nuestro hogar
hemos muerto a manos muertos
flotado entre flores perdidas
desarraigados de nuestros poemas y nuestras inquietas visiones

Prisioneros de un desierto que no nos perdona
haber dasaprovechado nuestro sol
inermes como rocas arrancadas de un distante planeta
girando entorno a un sol templado
soñar que soñamos que somos aves que emprenden un vuelo
en medio de un viaje que jamás podrá terminar porque nunca ha empezado

Tu recuerdas esos ojos que devoran
sin saber que tienen hambre
y buscan tu mano para poder aferrarse
a esa realidad que se desliza como humo
bajo tus alas, pequeña,
bajo la miseria que alimenta el aire corrupto
buscando la inocencia perdida cuando la muerte nos llamó a su servicio
como un poema inconcluso

Nunca podre besar ese rostro que una vez fuimos
nunca gozar con ese cuerpo que nos unió
más allá del cielo y del tiempo
del temor y  la vergüenza
de la fragilidad de nuestra naturaleza
de todo aquello que somos capaces de destruir
más allá del mundo
más allá del tiempo
bajo tus alas, pequeña,
bajo el aire corrupto que alimenta nuestras miseria

Lejos de aquel que me juzgó y al cual odié
cerca de aquel que me aceptó en mi dolor
cubrió mi herida con su sangre
y el tiempo y la distancia no pudo destruir
Y les recuerdo a todos en su risa
vivos como la vida misma
lejos como la vida misma
retozando al final de aquella carretera misteriosa
de un tiempo y un destino superior a mis fuerzas.

Vénceme y destrúyeme, llévame al límite de mi vida
donde están todos ellos
todas sus almas eternas,
sus ojos brillantes
su amor y su miedo
el material del cual estoy hecho
y del que renazco de nuevo.

Tiempo de Inocencia

La sagrada superstición

El nivel argumentativo de la gente religiosa “practicante” y pongo con comillas con muchísima intención, no es que sea muy alto que digamos. Lo cierto es que aunque en un primer momento la idea del “Bus Ateo” no me pareció excesivamente interesante, está produciendo efectos interesantes. Mucha gente cuestiona las cosas, algo que siempre es positivo a mi juicio, pero es que además muestra el tipo de argumento que los muy religiosos esgrimen. En el fondo no es otro que el decir que Dios existe. 

Es importante reseñar que decir que Dios existe no hace que automáticamente éste exista, sino que alguien lo dice. El método científico, el pensamiento crítico, no puede aceptar este tipo de “argumento” o “prueba” como válida, porque sencillamente no lo es. Decir que Dios existe equivale a decir que las hadas existen. Si yo digo que las hadas existen ¿existen acaso?

Sencillamente no.

Tampoco hay que olvidar que es aquel que afirma la existencia de algo quien tiene que aportar pruebas y en el caso de seres como los distintos dioses las pruebas han de ser también potentes e irrefutables. Por desgracia para ellos en los miles de años de existencia de toda clase de supersticiones nadie ha aportado una sola prueba que confirme la existencia de un solo dios. Vivir a expensas de lo que unos seres humanos interpreten como voluntad de unos seres cuya existencia está lejos de ser siquiera probada, no parece lo más lógico ni razonable.

La superstición es la superstición y todos lo somos más o menos. Pero la superstición condiciona la forma en la que vivimos y la forma en la que nos comportamos con los demás. La supersitición distorsiona y limita. La superstición religiosa no es distinta de la creencia en hadas o los goblins. Podríamos argumentar infinidad de percepciones personales de que toda clase de seres fantásticos existen, pero no existen sino en nuestra mente. No existen en lo tangible.

¿Qué pasaría si hubiese un autobús que dijera “Las hadas y los trasgos probablemente no existen, disfruta del bosque”? ¿Se indignarían de igual manera los Roucos, Kikos y señoras profundamente creyentes del mundo?

Creo que en el fondo de lo que tienen miedo es de la realidad que todos sospechamos. Si han reaccionado con tanta fuerza contra una simple publicidad es prueba de la propia fragilidad de su creencia supersticiosa.


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La sagrada superstición