Spotify o el derecho de acceder a la música por el privilegio de escucharla

He hablado muchas veces de Spotify, un servicio de música en streaming que tiene sus indudables virtudes, pero también sus notables inconvenientes. Tal vez, desde un punto de viste filosófico, sea importante destacar que está muy bien si nos hacemos conscientes de que no pagamos por la música, sino por el privilegio de escucharla.

Es decir, pagamos por un servicio de radio auto-programada sin publicidad. El día que Spotify cierre, se irá todo ese catálogo al mismo tiempo. El día que retiren esa canción concreta que tanto nos gusta, ya no la escucharemos y seguramente no descubriremos muchas cosas que se salgan de los canales convencionales de las últimas décadas.

Sin duda Spotify es una buena idea, un interesante experimento que por el momento no es rentable y tira de inversión de capital riesgo y que depende en gran manera de la buena voluntad de una industria, que no olvidemos, no ha dudado en llamar criminales a la gente que se ha descargado su música sin pagar.

El peligro inherente a confiar en servicios de streaming en la nube en detrimento del P2P es que cedamos el derecho a acceder a la música por el simple y volátil privilegio de escucharla.

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Spotify o el derecho de acceder a la música por el privilegio de escucharla