Equivocando la causa del efecto para explicar el descenso de la venta de contenidos grabados en soporte

Una de las falacias de nuestros días es asociar ciertas causas a ciertos efectos sin que se aporten datos que permita corroborarlos, descartando cualquier otra posibilidad sólo por el placer de hacer valer un punto de vista, una opinión, o mejor dicho en este caso, un deseo.

Leemos en El Ideal.es lo siguiente (al no contar con permiso expreso del titular del medio on-line podría estar vulnerando la ley de propiedad intelectual que no prevé que esto sea derecho a cita). Las negritas son mías:

Según Francisco Galindo, secretario general de la Sociedad General de Autores y Editores, los sectores «más preocupantes» son los de la música grabada, el vídeo y los videojuegos. Se debe a las descargas ilegales en Internet, un ‘cáncer’ que carcome al sector desde hace más de una década.

Se apoyan en el hecho de que en España la caída es más pronunciada que en otros países. Habría que ver si el dato es cierto, pero de serlo no veo dónde está la relación causa-efecto ni porqué se ha de calificar de cáncer o piratería lo que no es.

Por cierto, un sector muere, ok, pero otro nace. “Big deal”, como se diría en inglés. Siempre ha sido así, y siempre será. Que se lo cuenten a los vendedores de grasa de ballena cuando apareció la luz de gas.

También me parece muy ruin la calificación de cáncer a algo que simplemente son formas nuevas que tiene la ciudadanía de acceder a los contenidos.

Lo cierto es que la venta de contenido enlatado ha llegado a su fin porque simplemente ya no tiene casi valor añadido, o ahora este valor es marginal. Eso es así desde que la tecnología digital ha propiciado que cualquier ciudadano sea distribuidor, programador de su propio entretenimiento -y de los demás-, publicista y demás funciones que antes eran reino exclusivo de unos selectos intermediarios. Lo que simplemente se ha agotado ha sido un modelo de negocio que se basa en la venta de copias. Cuando las copias se pueden hacer en casa y cualquier persona con un ordenador puede hacerlas y luego distribuirlas, el problema es pretender seguir cobrando lo mismo por algo que ya nadie no sólo no quiere, es que ya ni comprende.

Y pronostico que el problema para esas industrias irá más gracias a los más jóvenes que ya ni contemplan que los contenidos no se puedan compartir totalmente; pero es, en esencia, un problema de las industrias de distribución. El hecho de que la caída haya sido más pronunciada en España, de ser cierto, bien podría deberse al hecho de la crisis que ha tocado con más fuerza en nuestras costas propiciado, en gran parte, por especuladores como especuladores son, y mucho, muchas de las industrias que se permiten llamar criminales a sus únicos posibles aliados a medio y largo plazo.

La otra afirmación es una vieja conocida y rebatida por casi todo aquel que tiene algo de sentido común, niños incluidos, pero sobre todo por estudios científicos. Una descarga no equivale necesariamente a una venta menos. Es evidente, pero no por eso dejan de repetirlo en el cada vez más fatuo esfuerzo por convencer a alguien, aunque dudo de si se logran convencer a ellos mismos o a sus pretendidos protegidos, algunos artistas (aunque es más bien un mensaje para unos accionistas mal asesorados).

Según el anuario SGAE, en 2009 se descargaron 3.047 millones de archivos musicales sin que se pagara un céntimo por 2.736 millones de esas descargas

¿Porqué habría que pagar por dichas descargas cuando se hace entre particulares sin ánimo de lucro y con sus propios recursos? El valor no está ya en la distribución cuando ésta la hace cualquiera. Y de hecho no está claro que las descargas perjudiquen a las ventas. En cambio existen ejemplos que más bien apuntan todo lo contrario.

“Es el futuro idiota, es el futuro” se podría decir. Y no hay muchas más vueltas que dar. Cuanto antes los accionistas de estos grupos se den cuenta de que están siendo engañados o como poco mal informados por los asesores y gestores en los que confían, tanto mejor será para todos.

Que los artistas no se equivoquen a la hora de elegir al enemigo. Su enemigo ahora está en su propia casa y desde luego que no son los ciudadanos, sino algunos intermediarios reacios a morir e incluso a cambiar.

Safe Creative #1007276924374

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