Reflexión tonta del día: El Yo y la Inmortalidad

En una de mis muchas meditaciones existenciales estúpidas se me plantea esta pregunta propia de novela o historia corta de ciencia ficción. Si pudiéramos transferir nuestra consciencia a una máquina, un ordenador, ¿en qué momento lo deberíamos hacer? ¿Al morir? ¿Deberíamos morir necesariamente? Y si la podemos copiar en un cerebro artificial ¿no estaríamos ante la posibilidad de hacer infinitas réplicas de nosotros mismos? Y esa es necesariamente una pregunta mmm…. ¿aterradora?

Si no estamos hablando de transplantes de cerebro, pero sí de copia de nuestra propia consciencia y capacidad mental en equipos electrónicos (ordenadores avanzados) podríamos copiarnos varias veces, como varias veces se puede copiar una película o fotografía. De igual manera, en el segundo que tenemos ya dos copias independientes y que interaccionan con su entorno por su cuenta, por ejemplo ¿son esas nuevas consciencias ya otras “personas”?

No dejo de pensar que aunque seamos el mismo de un día para otro, algo siempre ha cambiado que hace que ya no seamos la misma persona de ayer cuando nos fuimos a dormir. Esto se acentúa con el tiempo ¿no es así? ¿No pensáis a menudo en vuestro joven yo de hace unos años con cierta condescendencia en plan qué ingenuo que era?

Sí, somos la misma persona, pero en realidad no lo somos al mismo tiempo. Nos vamos modelando con el paso de los años, de los meses, días e incluso minutos. A veces en un segundo ya cambiamos de forma irremediable ante acontecimientos especialmente dramáticos.

Si llevamos esto al extremo de poder multiplicar nuestra consciencia ¿no estaremos propiciando la creación de seres con su propio “yo” diferentes entre sí que entrarán finalmente en conflicto, o no, porque a escala atómica cada una de estas “personas” acabará influida por estímulos ligeramente diferentes hasta que se distancien en relación a su parecido original?

Es como dar una misma copia de una fotografía a tres o cuatro personas y pedirles que las editen un poco únicamente. Es muy poco probable que las cuatro editadas sean iguales tras varias ediciones sucesivas.

Por un lado es una reflexión interesante, tonta y tal vez aterradora, toda vez que creo posible que en el futuro el ser humano sea capaz de replicar la consciencia de seres humanos en máquinas de forma ilimitada. Una especie de inmortalidad digital, un paso evolutivo de la especie. Será interesante, maravilloso o terrible. Tal vez todo eso al mismo tiempo.

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