Me gustaría creer pero va a ser que no

Me gustaría creer muchas cosas, pero no quiero creer sin más. Creo, de hecho, en muchas cosas, pero para hacerlo éstas tienen que pasar varios filtros que son los de la plausabilidad, cierto sentido común y lógica, la crítica y sobre todo, la inestimable ayuda del método científico.

Y aún y todo mucho de lo que creo no comprendo del todo, y muchas cosas están abiertas a ser descartadas con el tiempo. Si de algo me siento rico es de incertidumbres y de tener pocas certezas pero firmes.

Nada en este sistema que uso ha impedido que me maraville de las cosas de la naturaleza y el universo en general. Nada me ha impedido asombrarme con las grandes proezas de no pocos individuos a lo largo de la historia ni de identiciar lo que creo malo u horripilante.

Este sistema no sólo no me impide intentar discernir el bien del mal, para tratar de hacer el primero y evitar el segundo, sino que cuando lo hago tengo algo a lo que agarrarme con fuerza y una convicción que me ayudan a defenderlo ante la intolerancia y el fanatismo.

No, no necesito creerme cosas demasiado bonitas para ser verdad. Me basta con ser intelectualmente honesto, reconocer lo mucho que todavía hay que aprender y descartar lo absurdo, inverosimil o fantasioso que sin evidencia alguna a veces nos presentan como si fuera ciencia, al menos hasta que aparezcan evidencias sólidas que lo apoyen.

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Me gustaría creer pero va a ser que no

Listos y listillos

Una cosa interesante de Internet y la redes sociales, y en la que caemos todos, es en juzgar a las personas por cuestiones puramente muchas veces circustanciales. Si alguien está muy hipotecado, es que se lo ha buscado por no informarse, si alguien se queja de algo desde su iPhone, ¿de qué se queja teniendo semenaje chisme?

Caemos en la tentación de prejuzgar una situación sin entrar en la sustancia, en el detalle y las circunstancias de cada uno. En pocas palabras, entamos en la falacia de ad-honorem. No juzgamos el argumento, sino a la persona que lo presenta como forma de descalificar el argumento. De hecho a veces ni se quiere escuchar el argumento.

Caemos en esa trampa con demasiada frecuencia y olvidamos que las circunstancias de cada persona son, eso, muy personales.

Listos y listillos