Que no crea que existan dioses no significa que

Que no crea que existen dioses no significa que crea al ser humano como la criatura defintiva con potencial ilimitado y capaz por si mismo de absolutamente todo. En todo caso soy capaz de reconocer, con humildad, el espacio que como ser vivo consciente ocupamos en el Universo. No tengo garantías suficientes para suponer que no vamos a ser finalmente víctimas de nuestra propia inteligencia, o que nuestra inteligencia sea suficiente para afrontar los retos de supervivencia al que nos vamos a enfrentar como especie, ya sea por desastres naturales fuera de nuestro control, ya sea por nuestra propia tendencia a ponernos en riesgo letal con la proliferación de armamento de destrucción masiva como por ejemplo las armas nucleares, biológicas, o químicas. Sin embargo sé que por ahora con lo que contamos para sobrevivir somos nosotros mismos. Sin haber nada más que podamos afirmar con mínimas garantías debemos ceñirnos a este hecho e intentar comprender la necesidad de colaborar entre todos, centrándonos en nuestras similitudes y relativizando nuestras diferencias. Nadie va a venir a salvarnos de nosotros mismos. Si queremos sobrevivir como especie, no sólo como individuos, debemos trabajar juntos. Sólo mirandonos desde la perspectiva cósmica nos podemos dar cuenta de este hecho.

Tampoco considero que dejar de creer en dioses nos pueda hacer menos apasionados al descubrir las maravillas y complejidades del Universo que apenas estamos empezando a desentrañar. Comprender que la naturaleza carece de voluntad y sin embargo da como resultado un entorno en el que la consciencia puede darse es, de por si, una de esas maravillas y misterios que nos hacen avanzar en el intento de comprensión sobre cómo funciona todo. Y cada nuevo descubrimiento lejos de volver nuestra pasión en roca fría, nos llena de maravilla y ansias de nuevos descubrimientos que permiten que nos situemos en el contexto correcto para valorar lo que tenemos y lo que debemos tratar de cabalmente conservar. Somos parte del cosmos porque estamos hechos de la misma materia que lo compone, siguiendo las mismas reglas que lo gobierna en otros rincones. Aquí estamos y debemos mirar con serenidad al futuro dentro de los parámetros del pensamiento crítico para prolongar, en la medida de lo posible, esta capacidad de mirar más allá de nuestros propios prejuicios y percepciones animales.

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Que no crea que existan dioses no significa que

Denialists and denialism

I’ve detected and faced denialism a couple of times and can recognize it much better than denialists themselves. As a matter of fact no matter how much evidence you provide them, denialists will keep asking more, new and different questions each time, even on ongoing advanced and non conclusive research, repeating the claims of the authorities they believe are the only ones able to be true (ad ignorantiam and ad authority fallacies) because they fight the “so called” establishment. Again they will feel attacked when their beliefs are clearly challenged by overwhelming evidence. They will not arise the previous exposed claims but will bring new ones endlessly.

I could spend the rest of my life investigating things like climate change, AIDS, vaccines, consciousness, building engineering, quantum physics, and the pseudoscience behind homeopathy and still no evidence and formulated plausible hypothesis would really convince them otherwise… ever. That’s when wishful thinking interferes with our ability to reason in the framework of science as the best tool we have to try to understand our world (and I underscore “to try”). I realize it is a possible defense mechanism to hide oneself from uncomfortable truths. I myself have been through that. Everything seems to be a conspiracy or simply biased, thus making difficult-to-stand assumptions (as if such conspiracies really could stand for so long having so many mutually exclusive interests at play). I realize there was nothing somebody could tell me to change my mind. Only self criticism finally helped me to change the way I faced reality.

In any case there are many questions still to be answered in all this fields; as scientific method guarantee will always happen in order to make a better knowledge in an ongoing self improving process. More questions will arise after the previous ones are answered. We still don’t know the exact mechanism of many issues, but we can know how they happen although further investigation has to be performed to construct a better knowledge. But not yet knowing everything does not mean that we have to necessarily respect some non to little plausible claims that ignore all the other evidence leaving in the way many at risk and many even dying in false hope.

Again; questions are being answered all the time, making our knowledge better. Let’s not confuse it with extraordinary claims that do not stand the slightest scientific criticism and ignore evidence cherry picking only what suits their prior beliefs. Criticism is not attack unless they really are only holding on to their own preformed belief, wishes and unrealistic assumptions.

At the end I’ve found out that this is simply a waste of time and that’s the reason I don’t really want to keep with this kind of debate that lead to nothing as one of the parts will never accept the evidence believing that only a full 100% accurate answer is possible and, if not having that, any idea is well suited to be considered as well. Well, not the way science works I’m afraid. The denialists are (unfortunately) free to keep questioning and not accepting scientific facts and more plausible hypothesis, but they will, at the end, have to face themselves and question their real not publicly declared personal interests.

And people who don’t get proper treatment on HIV – AIDS will keep on dying. And I will at least point this out whenever I’m able.

To finish the thread just a line: Those reading this can check the facts, find the information and decide by themselves who is the one who is wrong for it, of course, could be me.

I rest my case.

Denialists and denialism

Es ahora

Debemos intentar comprender que es muy probable que ésta que vivimos sea nuestra vida y que no haya nada más después. Debemos empezar a interiorizar el hecho de que no existe evidencia alguna sólida y extraordinaria que nos invite a pensar, plausiblemente, en otra posibilidad. No hay por ahora evidencia alguna y es por eso que tenemos que empezar a ser conscientes de la importancia de lo que hagamos aquí y cómo hacemos sentir a los demás. Debemos pensar en que los demás también están en nuestra misma situación y que el sufrimiento gratuito y arbitrario es, en consecuencia, algo contra lo que debemos luchar a sabiendas de que posiblemente jamás lo podremos erradicar del todo.

Es ahora

Perdiendo mi religión 3, Dios muere

Retomo, tras muchos años, la serie describiendo mi transformación de persona religiosa a alguien que se puede considerar atea, es decir, alguien que no cree que exista dios alguno. Aquí podéis veir las entradas anteriores:

Parte 1 y parte 2.

¿Y por qué lo retomo? Porque últimamente he pensado mucho en la manera en la que los escépticos intentamos convencer a los religiosos de que están equivocados, y en este proceso reflexivo me estoy dando cuenta de que cometemos muchos errores. Tal vez sea porque en un intercambio de ideas sobre religión tendemos, con demasiada frecuencia, a caer en la descalificación y la burla, como si algo tan evidente para nosotros tuviera que serlo para todos.

Pensando en ello me doy cuenta de que el proceso de liberación de creencia en dioses es un proceso largo, de años y siempre cambiante. De hecho el proceso continúa. Mucho se aprende durante el camino, mucho se cuestiona y lo que casi siempre se cumple es que es algo que no ocurre de la noche a la mañana. Cuando cuestionamos las creencias de otras personas no estamos cuestionando aquello que se creen, sino una forma de vida.

Cuestionar la forma de vida no es una tarea sencilla y no es algo que deba de ser tomado a la ligera. Así que lo mejor es contar, desde la propia experiencia, el proceso que hemos tenido cada uno de nosotros con la esperanza, tal vez vana, de inspirar las mismas preguntas en las mentes de otros con el objetivo de lograr iniciar un proceso similar o parecido que durará, probablemente, también años.

Y ahora voy a hablar de la muerte de Dios, del Dios que todavía pensaba que podía existir porque tenía sentido que pudiera existir.

Es aquí cuando entra en mi vida una de las personas que más me han influido en mi vida. No es otro que Carl Sagan.

Y lo cierto es que no fue en aquel momento en el que me di cuenta de su influencia viendo Cosmos. Fue, en ese momento, algo más bien subconsciente. Ha sido después que me he dado cuenta, al volver a ver la serie Cosmos, de lo mucho que me ha influido a lo largo de los años.

Esto, junto a libros del mismo autor que me hicieron cuestionar todo lo referente a OVNIs y visitas de extraterrestres a la Tierra en tiempos pasados, me hicieron retomar muy en serio el método científico, se dio nueva vida al espíritu crítico y escéptico que debe guardarnos de creernos cualquier cosa, por lógica o absurda que nos parezca, sin la debida y proporcional evidencia necesaria.

La decepción conmigo mismo, descubrir la forma en la que me había engañado con tal de creerme lo que más me hubiera gustado que fuera realidad, me enfureció y de tal manera que durante años reaccioné con la misma furia ante afirmaciones religiosas o pseudocientíficas de todo tipo.

Y llegó esa pregunta inquietante. Y si Dios sólo existía en mi mente. Si sólo era una idea más inculcada y nunca cuestionada por la generalidad de las personas. ¿Qué ocurre si no existen los dioses?

Dios murió. Mejor dicho, la idea de Dios había muerto en mi mente probablemente antes de que realmente fuera consciente de ello. En realidad, nunca había podido afirmar, con honestidad saber que cualquier dios realmente existía. Que exista un dios deja de ser necesario para deleitarse con el Universo, para explicarlo, y por supuesto, para que éste exista. Estábamos solos, no había nada después y esa noción dando miedo al principio, nos llena de maravilla después. Fue, en pocas palabras, el punto de inflexión hacia una forma de ver la vida más cabal y razonable.

Poco podía imaginar que este cambio, importante sin duda, era apenas el comienzo de una odisea por los procelosos mundos de la credulidad en la que, lejos de sospecharlo, seguía y probablemente sigo en parte inmerso.

 

Perdiendo mi religión 3, Dios muere