iPad de Apple y el DRM

“The hippe is gone” es la primera frase que me viene a la mente al pensar en la última creación de Apple, el iPad. Ya han pasado unos días y hemos tenido tiempo de ir digiriendo las características de este nuevo dispositivo.

Tal vez lo más destacable e importante de este nuevo ordenador sin teclado sea que viene cargado de DRM, lo que significa que Apple podrá eliminar libros, suscripciones, artículos o películas a placer sin previo aviso gracias a su modo “siempre conectado”. En pocas palabras, podremos disfrutar de unos contenidos – que no podremos compartir – siempre que sea la voluntad expresa de terceros. Esos terceros, por cierto, es la industria del siglo XIX que no duda en llamar criminales a sus usuarios.

Es esencial que todos nos hagamos con mayor frecuencia la pregunta de si queremos pasar de una situación en la que tenemos contenidos a una situación en la que no los tenemos, sino que simplemente podemos usarlos siempre que cumplamos ciertas directrices arbitrarias.

Si además tenemos en cuenta que cualquier contenido sometido a DRM está abocado a su desaparición, estaremos ante un dispositivo con unos contenidos DOA que tarde o temprano desaparecerán sin dejar mucho rastro.

Es preocupante cedamos libertades esenciales por la comodidad aparente de un dispositivo que en unos meses será cosa del pasado junto con todo lo que contenga.

En DefectivebyDesign proponen pedir a Steve Jobs que retire el DRM de este dispositivo, habida cuenta de que en alguna ocasión él mismo ha dicho que el DRM es malo. Parece que de nuevo, el innovador por antonomasia, ha cedido a la presión de industrias y conceptos analógicos.

iPad de Apple y el DRM

Sigue siempre adelante

La vida da muchas vueltas, la vida es cambio. Cuando nos encontramos ante decisiones difíciles no nos queda otra que decidir en uno u otro sentido en función de nuestras más puras preferencias. Posponer la decisión sólo puede acaso retrasar la acción que de todos modos debemos tomar.

Cuando me pregunto en qué me tengo que basar para elegir entre dos opciones suele ocurrir que me inclino por el cambio. Supongo que el desafío, el peligro, la aventura es algo que se lleva en la sangre.

Ahora me enfrento a un cambio. En pocos días pasaré de estar en una empresa genial a otra cuyo futuro me fascina.

Me está costando mucho hacerme a la idea. No llevaba mucho tiempo en la empresa actual y me han tratado de una forma de tan excelente, que decir que me voy es como alejarme de mi propia familia. Difícil decir adiós, si no  acaso imposible. Supongo que seguiré de un modo muy especial los pasos de esa gran empresa cuyo futuro es brillante y con el cual espero poder colaborar en algún momento.

Pero siento que en el nuevo sitio al que voy dedicar mi horario completo, puedo aportar algo bueno, algo positivo. Sin duda lo que me mueve es mi voluntad de ofrecer algo, de devolver algo de lo mucho que me ha dado Internet en los últimos años.

Es el momento de cambiar, de mirar siempre hacia el futuro, de seguir siempre adelante. Realmente no sabemos hacia donde nos llevará el camino, sólo que éste sigue y sigue. Es posible que erremos, que nos equivoquemos, pero de todo hay que aprender. De todo aprendemos.

Ahora es el momento de recordar esas palabras que me llevan acompañando varios meses: “Stay hungry, stay foolish” “Manteneos hambrientos, manteneos alocados” (Whole Earth Catalog, frase de despedida mencionada por Steve Jobs en su mítico discurso en Standford).

Los puntos se van uniendo, según miramos atrás. Del futuro sólo podemos mantenernos expectantes, conteniendo la respiración, preparados para sorprendernos y para sorprender a los demás.

Sigue siempre adelante