Ruido de estrellas

Publicado el 2 de Marzo de 2005

Texto bajo (cc) Darthcoli del blog, el Lobo Pastor

Desde que el señor Eduardo Bautista comenzara esa larga carrera de experto en propiedad intelectual con el partido comunista, ha llovido demasiado. Y la lluvia que cae en la tierra cultivada por los labradores con sus hoces y sus martillos a conseguido que la semilla de la propiedad intelectual haya germinado y crecido. De hecho, el momento de la cosecha se acerca estrepitosamente.

Bill Gates no hace mucho denominó a los defensores del copyleft “comunistas contemporáneos”. En cierto modo es una afirmación acertada si se entiende el comunismo como aquella noble intención de devolver al pueblo lo que siempre fue del pueblo. Pero hay algunas ideologías que combinadas con la política producen una mezcolanza letal. El capitalismo y su motor alimentado con la individualidad y la codicia ha convertido a aquel mercado antiquísimo cuya máxima era “yo tengo algo que necesitas tu tienes algo que necesito” en algo aproximado a “tu necesitas lo que yo tengo, y me aprovecho de ello”. Con la música este tiempo ha pasado algo parecido. El arte se convierte en ocio. La privatización esta rozando limites muy peligrosos: el agua, la naturaleza… la cultura.

No resultó menos certera la respuesta de R. Stallman cuando dijo que Gates solo respetaba una propiedad, la suya, y que eso era en realidad muy estalinista. En EEUU no hay derecho a la copia privada. No existe la propiedad para el consumidor, y a mi criterio ni siquiera existe para el autor. Condicionado para distribuir tu creación. Sin alternativa, estoico.

Mucha gente ha luchado contra un canon en España. Un canon recordemos, destinado a compensar económicamente a aquellos que nunca han hecho nada por ejercer con la música un derecho registrado en la constitución. Avalado y ejecutado por un sindicato vertical de dudosa moral, que solo entiende por cultura una cifra económica. Se dicen que no poseen animo de lucro. Que defienden a los artistas. Que la música se muere.

Nos roban la presunción de inocencia, cobran cantidades económicas de conciertos benéficos o gratuitos, intentan lucrarse a cambio de mermar nuestros derechos, y luchan contra la piratería cuando ellos son los verdaderos piratas. Ya conocemos la forma de actuar de esta gente. Los terroristas llaman terroristas a sus enemigos, los piratas ídem, y mientras la gente desinformada, victima del síndrome de Estocolmo, se siente mal cuando copia un disco. Negligente de que esta ejerciendo un derecho siempre que no se lucre, desconocedor de que el autor que tanto aprecia seguirá ganando lo mismo. Seguirá ganando lo que pagues en la entrada de su concierto.

Ahora Internet supone la supresión de los intermediarios. No se necesita grabar y distribuir un CD para que tu música llegue a la gente. No necesitas prostituir tus derechos para ganar lo que te corresponde. No necesitas cobrar unos céntimos por cada CD de TU música que otros venden a 20€. Ahora la gente escuchara tu arte, sea de donde sea, sin que nadie se beneficie de ello. Estamos recordando que todo lo que sabemos es la herencia de nuestros antepasados. Que empresas farmacéuticas ganan dinero comercializando la aspirina, un remedio de caucho con milenios de antigüedad. Que los enfermos calman sus dolores con morfina, cuando el opio se cultivaba antes de que existiera una moneda de cambio.

Estamos recordando que la cultura es de todos. Que el modelo de negocio a través de Internet no perjudica a los creadores de la cultura, solo a quienes la han tenido secuestrada temporalmente.

Un debate en la televisión muestra al ciudadano medio, aquel que es estafado sin saberlo, que esta pagando por cada cd una cantidad de dinero que va a parar a una mezquina sociedad, ensuciando y deshonrando el nombre de la cultura, solo por ejercer el derecho de la copia privada. Le llaman pirata, no porque le roben, sino porque ya no le compran.

Ahora el frutero o la niñera, se preguntan quien está perdiendo dinero. Que es legal y que no lo es. Que es lo que está pasando. ¿por qué son los que más dinero ganan los que más se quejan?

Ahora la gente ya no solo ve a Alejandro Sanz diciendo que la música se muere. Ahora ya conocen las declaraciones de Bruce Springsteen, Alaska o José Feliciano. El tercer encuentro de creadores, apagado de sus “defensores”, recibe la sagaz intervención de un creador por antonomasia, José Saramago. Y aquí no hay premio Nóbel que valga mas que el del sentido común.

“Una tribu africana llamaba en su lengua, a esa sinfonía de silbidos de viento, grullas y hojarascas que la naturaleza ofrecía todas las noches “ruido de estrellas”. Y esta canción no tiene copyright. No nos engañemos, haberle puesto nombre no nos da la propiedad. Debemos ser remunerados por nuestro trabajo no por nuestra creación. Por nuestro esfuerzo, no por nuestra inspiración.

Mientras, el copyleft recorre las calles de Internet vestido de ciberprometeo, devolviendo a la humanidad su mayor arma, su mayor propiedad.

Señor bautista, adalides de la industria discográfica:

Se plantó una semilla, ahora se recogen los frutos. Vayan escribiendo testamento, que “jauja” se devuelve a los jaujianos. Que estamos cansados de que nos tomen por tontos. Que hemos recordado quien es el “propietario” del ruido de las estrellas.

Ruido de estrellas

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