Talibanismo digital. La nueva forma de eliminar la libertad propia

Estoy navegando por mis vicisitudes diarias y me encuentro con Viernes.org que critica proyectos con los cuales colaboro. Bueno, no quiero entrar en ciertos debates porque creo que al final con el tiempo la gente verá la utilidad de cada proyecto y comprenderá las diferencias que existen y la utilidad de cada uno. Pero mi curiosidad me lleva a visitar la home del blog en cuestión. Me encuentro en la cabecera un alarmante recuadro rojo recordándome algo que ya sé, que estoy navegando con un sistema privativo, un maléfico Windows. Me dice que estoy en peligro, me dice que estoy equivocado. Me dice que no soy libre.

Todos me conocéis en mayor o menor medida y sabéis cómo soy. Defiendo el software libre, fui de los primeros en firmar el famoso manifiesto por la cultura, ayudo a coordinar varios proyectos e iniciativas por la libertad en Internet, soy amigo de los principales actores del activismo en Internet. Sin embargo también es conocida mi abierta oposición a las posturas extremas en uno u otro sentido. Mi sinceridad al defender la mesura me ha llevado a discusiones serias con más de un peso pesado. Yo no me callo y si veo que se exagera, pues tengo que decirlo también.

Cada vez siento que las distintas sensibilidades se están radicalizando. No me gusta la radicalización que toma el movimento “copylefter”, lo mismo que rechazo la radicalidad consolidada del colectivo “copyrighter”. El sólo hecho de constatar que existen dos colectivos, dos posiciones enfrentadas me preocupa. En realidad esa es parte importante del problema. Al final no nos damos cuenta de que todos tenemos argumentos buenos, todos estamos más o menos en el mismo barco. Tenemos que llegar a consensos y el enfrentamiento no hace nada por lograrlos.

El problema de radicalizarse es que se entra con demasiada frecuencia en contradicciones. Se cierran puertas y se enquistan los problemas sin existir posibilidad de solución.

¿No soy libre por usar un Windows? ¿Soy libre sólo si hago lo que alguien me revela como verdad absoluta y abrazo gnu/linux sobre todas las cosas?

Me da la sensación de que alguien me quiere adoctrinar y darme su verdad absoluta. Pero no existen verdades absolutas. Parte importante de la libertad, mi libertad es que puedo usar Windows si lo necesito. Parte de mi libertad es que puedo discrepar de la posición oficial de una comunidad por muy en posesión de la libertad que se sienta. Y en la oficina el uso de Windows es, por desgracia, demasiado necesario todavía hoy en día. En casa sí que tengo mi distribución de Ubuntu pero es muy posible que mañana compre un Mac ¿y no soy libre por tomar la decisión de comprar software privativo?

Pero analicemos. Para editar fotografías a nivel profesional, como necesito yo, sencillamente no encuentro aplicaciones de software libre comparables, por ahora, para llevar a cabo un correcto flujo de trabajo. Así pues que acabo teniendo que recurrir a software privativo. ¿Me gusta la idea? No, pero digamos las cosas claras. A veces no tenemos tiempo para andar investigando y escribiendo complejas ordenes de root en una consola en gnu/linux. En un mundo ideal lo haría. Pero vivimos en un mundo que lejos de ser ideal tendrá que aprender a convivir entre las distintas opciones personales a nivel de creación o uso de programas y contenidos.

Personalmente me pasa mucho al explicar los distintos tipos de licencia Creative Commons a la gente. Explico que algunas son más restrictivas que otras y por lo tanto menos “copyleft” que otras. Pero ¿puedo acaso afirmar que los que no usan mi licencia están equivocados? No, eso está lejos de ser libertad.

El respeto empieza por no imponer las ideas de uno, por muy convencido que estemos de que el otro se equivoca. Se trata de convencer pero sin ser rígido e inamovible. Es esencial ser flexible y reflexivo.

Demasiadas veces he podido comprobar que me equivoco. Pero esto me ha demostrado que los demás también pueden estar equivocados y ya sabéis lo que dice Yail Yabarth “empezamos a tener algo de razón cuando admitimos que podemos estar en parte equivocados”.

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