La importancia de votar en Euskadi el 9 de Marzo

En estas elecciones el mundo extremista que apoya la violencia de los terroristas etarras piden la abstención. En un movimiento que demuestra la desesperación ante la reducción de apoyos en su propio entorno no piden el voto nulo, no; porque saben que simplemente quedarían en clara evidencia. En lugar de eso recurren a la solicitud de abstención, opción de siempre un porcentaje muy alto de la población (independientemente de la postura que tengan sobre los métodos terroristas) con el único objetivo de propagandísticamente hacer creer que todos los abstencionistas apoyan los asesinatos y extorsión de la mafia etarra.

Esta última es evidentemente falsa, pero conociendo la manipulación a la que los etarras someten a sus apoyos, no es de extañar que empleen esta técnica para hacerles crees que realmente tienen alguna fuerza dentro del conjunto de ciudadanos vascos que apuestan por vías pacíficas y realmente democráticas.

Es por este motivo, triste y patético, que en esta ocasión es más importante que nunca que los vascos vayamos a votar, ya sea a partidos mayoritarios, minoritarios, en blanco o nulo. La cuestión es ir a votar. Es necesario recordar por enésima vez a la banda asesina que los vascos quieren que desaparezcan, que no les representan para nada y que no son necesarios.

ETA sistemáticamente ignora este clamor de los vascos, ETA no respeta la voluntad de los vascos de vivir en paz como principio primero e irrenunciable. Sin embargo ETA exige que se respete la voluntad de los vascos. Harían bien en dar ejemplo ellos mismos entregando las armas de forma inmediata.

Eso no pasará porque ETA vive muy bien en su nicho mafioso que mantiene a cientos de personas ocupadas y atareadas en mantener un estatus quo de tensión, odio, miedo y bloqueo. Pero los vascos tenemos no ya el derecho, sino la obligación de no dejar pasar ni una ocasión para recordar a esa banda que no representa más que a su reducida “famiglia”, que no tienen capacidad ni mucho menos legitimidad de matar en nombre de Euskadi en su camino hacia el futuro.

Yo votaré, y desde luego que no será ni a PP ni PSOE ni IU, pero hay muchos partidos políticos más, minoritarios tal vez, o en blanco o puede que lo haga nulo. No lo sé todavía, pero hay que votar, porque cada voto que se emita en Euskadi es una herida mortal a la serpiente venenosa que emponzoña y corrompe al Pueblo Vasco.

La importancia de votar en Euskadi el 9 de Marzo

Matar niños, asesinar la esperanza del mundo

Cuando me entero de las acciones terroristas de unos y otros en los que incluyo tanto al gobierno de Israel como a los milicianos que lanzan cohetes desde la franja de Gaza, no puedo evitar sentirme terriblemente triste al saber de la muerte, el asesinato de tanta gente. Pero especialmente me conmueve ver que matan a niños. La guerra, esa forma de terrorismo bien vista, es lo que tiene. Mueren personas, padres, hermanos, niños, amigos. Y muere la esperanza. Si algo representan los niños es esperanza.

No concibo un mundo que justifique el asesinato de esos pequeños cuya mirada nos llena de vida y esperanza. No concibo, por lo tanto, solución para el ser humano. Si somos así, será bueno que desaparezcamos de la faz de la Tierra.

Si se puede justificar que una bomba sea de un grupo terrorista cualquiera o un gobierno terrorista cualquiera mate a niños, si el resto de la humanidad es capaz de consentirlo, hemos perdido toda esperanza en el futuro, en la vida, en que alguna vez exista la Justicia verdadera.

¿Acaso no hemos aprendido del  horror de las guerras, del horror de los fanáticos, del horror de la violencia desatada? Estamos sin duda condenados a repetir ese pasado horrible y oscuro. Nos acercamos cada día más al abismo. En pleno siglo XXI no hemos aprendido nada y todavía creemos que se puede asesinar a un niño y “no pasa nada”.

¿Nos estamos insensibilizando? ¿De verdad no nos importa?

El otro día, con motivo del día de los donantes de órganos, escuché el conmovedor relato de una madre que en un accidente perdió a un bebé de 16 meses junto a su marido. Ella en la UVI luchó por salvar su vida mientras su hijo moría. La abuela tuvo que tomar la difícil decisión de donar los órganos del niño que sirvieron para salvar la vida de otros. El dolor de aquella madre me conmovió hasta lo más hondo. El amor que sentía por alguien que se había ido, la consciencia de que otros niños vivían desde hace tres años gracias a ese supremo gesto de generosidad debería ser un ejemplo para todos.  Si no somos capaces de intentar preservar a toda costa la vida de los niños de la violencia fanática y visceral de los adultos que sólo saben odiar al otro, no mereceremos llamarnos hombres.

Matar niños, asesinar la esperanza del mundo