Concienciar a la gente contra los delitos de la “propiedad intelectual”

Mire a donde mire veo los mismos movimientos. Grupos de presión felicitando a políticos por incluir una y otra vez leyes a favor la teórica protección de la “propiedad intelectual”, intentos de ampliar por décadas o siglos los derechos de explotación de las obras, demandas que prosperan contra ciudadanos por compartir contenidos sujetos a copyright, demandas que prosperan contra humildes tiendas de material informático o contra sitios web que muestran videos de televisiones, etc.

Y los políticos creando e inventando nuevas formas de convertir cualquier contenido sujeto a copyright en creaciones intocables, imposibles de modificar, imposibles de usar. Ya casi da miedo… porque en el fondo lo que quieren es meternos miedo. Quieren que nos creamos culpables… culpables por compartir, por conocer, por pensar.

Es tan peligroso que la gente entre tanto contenido de baja calidad encuentre cultura, que se hace imprescindible controlar eso. Los políticos y los grupos de presión del copyright tienen ciertos intereses en común y como una extraña criatura simbiótica se alían para lograrlo. La industria del copyright precisa de seguir ganando muchísimo dinero para satisfacer a sus accionistas e intermediarios cada año y para eso tienen que poder seguir creando “artistas” bajo el mismo patrón de baja calidad, escasa personalidad y gran capacidad recaudatoria. Además precisan de seguir teniendo el poder recaudatorio sobre obras de calidad cuyo paso al dominio público es inminente. Mantener la cultura secuestrada y limitada favorece el mantenimiento de muchos consumidores complacientes, sin demasiada capacidad de pensamiento propio. Así no hay porqué dar paso a artistas de verdad. Al mismo tiempo necesitan seguir controlando los canales de distribución para que, aunque crear contenidos no sea tan caro, distribuirlos siga siendo difícil. Herramientas como el p2p son peligrosas, porque la gente podría usarlas para dar a conocer contenidos de calidad fuera de los mercados oficiales. De la misma moda los políticos necesitan gente lo más ignorante posible que siga votandoles y sin criterio propio para enfrentarse en caso de que progresivamente sea necesario eliminar libertades esenciales con el objetivo de espiar, vejar, aterrorizar y manipular.

Los movimientos de los políticos se complementan a la perfección y resultado de ello y de muchas campañas similares más es el resultado que observamos. Perdemos libertades y somos tratados como criminales por los gobernantes a los que pagamos el sueldo. Es la cruda realidad. Mientras ellos trafican y se enriquecen con informaciones obtenidas en aras de la seguridad contra el terrorismo y la protección del sacrosanto copyright, nosotros perdemos las libertades que tanto se tardó en lograr y por las que se pagó tan alto precio.

Cada día tienen más poderes para espiar nuestras comunicaciones y no lo hacen para buscar terroristas o criminales en general, lo hacen para controlar la información, el auténtico poder. Porque ven que gracias a Internet un modelo tipo 1984, pero sin ser tan evidente, es más posible que nunca. Y los que se  han acostumbrado al poder y sus ventajas no piensan dejar pasar esta oportunidad. Mientras no luchemos para impedirlo, además, lo irán logrando paso a paso.

Así pues que necesitan seguir educándonos en “su verdad”. Lo que nosotros digamos es “no verdad”. Los activistas somos molestos, pero ya se las arreglarán para ir silenciandonos. Bien comprando, amenazando o censurando, siempre piensan que podrán acabar con nosotros sin que nadie se percate de lo que está pasando.

Sólo que se olvidan de algo. Su sistema funciona bajo un equilibrio inestable. Depende del dinero, depeden de muchos factores asociados a impredecibles, a “suerte” y se basa en un sistema negativo represivo y como tal tiene a su autodestrucción. El mal se alimenta de si mismo y se autodestruye. Hace tiempo que sus discursos de autocomplaciencia no encuentran sino el rechazo de las nuevas generaciones de internautas. Su mentira tiende a desmoronarse y encontrarse con el rechazo social. Los activistas a los que el dinero no nos mueve, sino los ideales (eso que los políticos hace tiempo olvidadaron), sólo tenemos que empujar un poco para lograr que todo su montaje de basura se desmorone. Es cuestión de tiempo y creo que no vamos cejar en nuestro empeño. No tenemos mucho que perder (siempre seremos libres) y sí mucho que ganar.


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