A veces pensamos que es imposible mejorar el mundo, que intentarlo siquiera puede ser utópico. Muchos nos damos por vencidos durante no poco tiempo y retomamos después el teclado para seguir aporreandolo sacando artículos y pensamientos de lo más profundo con la sincera esperanza de lograr conmover algún corazón y que alguien se empiece a cuestionar lo que hasta ahora le han comunicado como verdad absoluta, como dogma de fe.
Cuando leemos noticias de alumnos agredidos por compañeros, de chavales que mueren del puro terror que situaciones incomprensibles para un espíritu sensible, no podemos menos que sentir una profunda tristeza y lo que es peor, impotencia. Pero ¿qué podemos hacer para arreglar esas situaciones? Los que mueren por los violentos ya no volverán. Los que caen por el fanatismo, por la ira, por el miedo, han caido y nada o poco podemos hacer ya.
No podemos cambiar el pasado, pero hemos de caminar hacia el futuro y buscar soluciones, buscar mejorar algo, aunque sólo sea un poco.
Siempre pienso que Internet es tal vez la herramienta más poderosa que tenemos en nuestras manos para mejorar algo este mundo. La capacidad potencial de la red de redes de mover conocimientos y cultura sin límite a cualquier parte del mundo, de llevar cultura, pensamientos, opiniones a cualquier persona por relativo poco dinero es algo que no debemos perder bajo ningún concepto.
Porque cuando la gente lea, aprenda, comparta, discrepe, dialogue de manera rápida, interactiva y barata las cosas podrán empezar a mejorar.
Hay barreras, como los radicales del copyright, lease SGAE, RIAA, MPAA, OMPI y sus políticos a sueldo que no quieren, que ponen trabas, toda clase de impedimentos y lo hacen mediante leyes absurdas, criminalizaciones de la ciudadanía, campañas engañosas sobre lo que es piratería etc. Hay barreras por parte de las compañías de telecomunicaciones que buscan rentabilizar sistemas tecnológicos obsoletos como el UMTS (3G) a toda cosa impidiendo la implantación de tecnologías inalámbricas de largo alcance que podrían comunicarnos a todos permanentemente y de forma casi gratuita…
Siempre el dolar por delante de la posibilidad de mejorar el mundo. Pienso que si más gente pudiese escuchar en cualquier momento y libremente «Blowin’ in the Wind», si nos preguntásemos más a menudo las preguntas que siempre tendríamos que hacernos, las cosas podrían mejorar un poquito y toda mejora vale la pena.
Y si las entidades de gestión no quieren, si la industria del entretenimiento y sus políticos a sueldo no quieren, seremos los ciudadanos los que tendremos que hacer algo y demostrarles que no nos hacen falta. Porque en realidad, al final, no son necesarios.
La respuesta, amigo mio, flota en el aire.
