Las nuevas tecnologías y el mundo (I)

DSC_4048La tecnología ha sufrido un cambio radical en los últimos años, digamos desde el 2000 hasta la fecha. La tecnología avanza más rápido de lo que somos capaces de asimilar y es cada vez más barata y accesible.
Ante cambios tecnológicos, el mundo sufre cambios. Los cambios son inevitables y si se saben encaminar aprovechando las oportunidades, resultan beneficiosos. La tecnología debe cambiar el mundo para mejor. No obstante se suele sentir algo cercano al miedo cuando se dan cambios y eso es porque no se sabe a ciencia cierta qué va a pasar, cual va a ser el efecto de las innovaciones que se van produciendo. Si lo supiéramos seguramente no existiría el aliciente para la creación y la superación que alimenta al ser humano.

En el terreno de los contenidos digitales, la tecnología ha logrado lo que no han logrado muchos utópicos, que es lograr socializar de manera efectiva y viable la transmisión de información a coste reducido. El peligro viene cuando modelos de negocio basados en épocas anteriores a este cambio son tan poderosos que se enfrentan a estos cambios y pretenden amoldarlos a algo que no puede serguir funcionando de esa manera. La tecnología actual es el motivo principal por el cual los modelos de negocio del entretenimiento basados en la escasez no pueden sobrevivir. Tienen que cambiar o destruir la tecnología.
Lo que a la gente les parece fácil y sencillo, como compartir una canción, a la industria se le antoja molesto, incómodo y difícil de asimilar. Nada diferencia, físicamente, al asesor de una gran compañía de cine de cualquiera de sus clientes. Ambos piensan, comen, duermen, trabajan… pero uno piensa con los prejuicios de un negocio de hace un siglo y el otro abraza las nuevas tecnologías sin dudarlo.

¿Quién tiene más razón? ¿El consejero capaz de influir en los legisladores, o su cliente?

El dinero no la la razón, compra influencia. La razón se basa en argumentaciones, en el diálogo. Si no existe diálogo, si no existe comunicación entre la industria y sus clientes se producen efectos negativos. Son negativos para la industria y para el mundo. La industria pierde y puede desaparecer, el mundo retrasa una evolución imparable.

La clave es que la industria audiovisual quiere solucionar su problema, pero no es capaz de ver la oportunidad que tiene delante. Sus clientes les piden a gritos un cambio en su modelo de negocio, la oportunidad es de aquel que les escuche.

Las nuevas tecnologías y el mundo (I)

Bittorrent se pasa al “otro bando”

Según nos informan, Bittorrent, creadora de uno de los programas de intercambio de ficheros en Internet ha llegado a un acuerdo con la MPAA, la asociación de productores de cine en EEUU que está atacando a los espectadores casi a diario para vender películas y series bajo su protocolo. Según dicen se pasan a la legalidad, haciendo un peligroso y demagógico símil que viene a significar que sólo si se paga dinero algo puede ser legal.

Esta premisa de si hay dinero es legal es falsa, o miren los ejemplos de corrupción inmobiliaria que se suceden, hay dinero, hay especulación, es ilegal. Con la industria del entretenimineto nos tememos que también hay especulación, hay corrupción y no sabemos si ilegal, pero lo que llegan a cobrar por algunos contenidos es por lo menos inmoral.

Pero es peor la escasa ética que muestra la MPAA y Bittorrent al pretender vendernos un producto defectuoso. Es decir, lo que compremos sólo lo podremos ver en el ordenador que lo compra o como mucho en un dispositivo portátil determinado. Nada de grabarlo en DVD (curiosamente alguna compañía ya ha anunciado que venderá por Internet y permitirá grabar en DVD).

Un modelo de negocio basado en que el usuario ve sus derechos de acceso a la cultura limitado, que dependen de que el sistema operativo sea “homologado”, no se rompa nunca y no haya que reinstalar (se perdería todo) y que encima paga porque le consideren potencialmente capaz de infringir sus absurdas leyes, está condenado al fracaso.

Esta iniciativa servirá, como mucho, para probar el potencial de los protocolos p2p para la venta de películas, cosa ya probada, pero no será un modelo de negocio factible a medio o largo plazo, no cuando las cosas van por otras vías. Si pago y me descargo, más vale que me dejen copiar en un soporte estable lo descargado, o que me den garantías de que podré verlo en mi televisión siempre y cómodamente. Y más les vale que no me metan algún programita de esos que dicen a alguien quién, cuándo y cómo se está viendo qué.

¿Tanto le cuesta a esa industria escuchar de una vez lo que la gente quiere? Tienen la herramienta más potente que podían haber soñado, Internet en una era digitalizada. Aún y todo siguen pensando que lo que venden es como vender manzanas. Pero no es así. No cuando los contenidos se multiplican sin merma del original.

Bittorrent se pasa al “otro bando”