Los asesinos de niños (los terroristas)

Hoy han asesinado a tres niños en las calles de Gaza. Pistoleros enmascarados, terroristas, acribillan a tiros a tres chicos indefensos dentro de un coche que les dejaba en las puertas del colegio. ¿Qué se puede decir ante tanto horror? ¿Cómo podemos justificar nada bajo el paraguas del asesinato crudo y despiadado?

Poco importa quienes fueran los cobardes asesinos… poco importa, porque en el fondo pertenecen a una subespecie de desperdicio de la humanidad, a los terroristas. Esos seres que se elevan con rapidez blandiendo un arma, cuyo lenguaje es común por mucho que se empeñen en destacar que son diferentes y defienden algo.

Debemos llorar por este horror… no hay otra posibilidad.

Debemos desterrar de nuestra alma la justificación del odio ciego que lleva al asesinato de personas. Debemos deterrar la guerra, debemos de dejar de justificar cualquier matanza, debemos mirar con repugnancia a los que claman por el uso de la violencia cualesquiera que sea su causa.

No hay lengua, no hay tierra, no hay esperanza para el terrorista sea éste de un grupo ilegal o de un gobierno o de una facción o una religión. Son todos iguales. Son lo más despreciable que se pueda concebir.

Esos chavales están muertos ¿porqué? ¿Alguien se siente contento y satisfecho? ¿Qué monstruos son capaces de algo así?

Hay muchos, no olvidemos a ninguno de ellos. Ni a los presidentes que envenan a investigadores o asesinan a periodistas, ni los grupos que creen que por hablar una lengua o haber nacide en cierto lugar del globo tienen derecho a poner bombas al paso de un coche asesinando a cualquiera que esté cerca.

No hay perdón posible ¿no lo hay? No. Porque los muertos no pueden perdonar.

Los asesinos de niños (los terroristas)