A la cuarta va la vencida

Publicado el 2 de Agosto de 2005

Esta vez no es a la tercera que va la vencida, sino a la cuarta, cosa de ser originales, que para eso tenemos a los políticos que hemos elegido, y como cariñosos padres nos dicen qué tenemos que pensar y lo más importante; cómo tenemos que pensar.

Según el proyecto de Ley de la Propiedad Intelectual y en un intento (pues intento será) de armonizar (me encanta esa palabra…), la legislación española con la de la UE, es decir, con la de la OMPI (La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, considerada por muchos como el cáncer de la cultura mundial) han decidido que la cuarta copia privada sea ilegal. ¿¡Audaz verdad!?

Es sorprendente cuando menos que las tres primeras sean perfectamente legales y la cuarta no lo sea. La verdad es que ahora mismo no se me ocurren ejemplos de penalizaciones similares. Pero bueno, puede ser que existan.

No obstante vamos a intentar hacer un ejercicio de reparto de las tres copias privadas legales. Una para el coche, para que no se nos rompa el original, ahora bien, tan caro nos tiene que resultar el original como la copia, pues si perdemos o se estropea la copia, ¡no nos quedan más que otras dos! Y eso si no repartimos la segunda, por ejemplo a un amigo, para que, incauto él, escuche y decida qué le parece la música y pueda o no comprarla y pueda o no ir al concierto. Entonces nos queda una más. Por ejemplo, lo podemos dejar a un familiar, algo bastante común, o como copia de la que hemos dejado en el coche.

Ya no hay más, lo siguiente que tenemos que hacer es comprar un nuevo original, porque ya está todo hecho, porque recordemos que el CD original se estropea, y mucho. Seguro que obedeceremos y pasaremos por caja, o mandaremos a que se metan el CD en cuestión por el sitio del que nunca debió salir (y más si los artistas apoyan semejantes innovadoras medidas).

Si por algún motivo somos miembros de una familia numerosa, pues peor… cortaremos habilidosamente el CD por la mitad o en tres o más fragmentos para repartirlo y escucharlo a trozos, o pondremos unos estrictos horarios de uso de la copia.

Más preocupante es ver que para que dicha medida que hace que la cuarta copia nos convierta en infractores de una ley absurda, sólo se puede lograr mediante medidas como los DRM que se implanten en los sistemas operativos y hardware. Eso nos lleva irremisiblemente a que se legisle sobre el DRM convirtiéndolo en algo obligatorio.

No sólo no podemos tener más gente a la que queramos dejar nuestra música, sino que además, no vamos a poder evitarlo de ninguna manera si no es infringiendo la ley y potencialmente yendo a la cárcel. Retomo a la frase que da título a un gran libro de Heinlein, me siento como un “forastero en tierra extraña”.

Si es que los ciudadanos no sabemos lo que es bueno; pero para eso tenemos a los gobiernos, a las SGAEs, Promusicaes, o ACAMs creciendo gordos de los árboles de la ambición y las medias verdades… a los que les interesa controlarnos no vayamos a dejar de escuchar lo que nos venden y comencemos a pensar por nosotros mismos. ¡Cómo se preocupan por nosotros y qué desagradecidos nos mostramos para con ellos!

Si analizamos la situación con frialdad vemos como nos convertimos sin posibilidad de no infringir la ley en ladrillos en el muro de las sociedades de gestión y de una industria hastiada de contar miles de millones de euros amasados a base de música de dudosa calidad y a costa del trabajo de unos artistas a los que no dudan en dejar en la estacada en cuanto las cosas se ponen un poco feas. Una industrias que despiden a miles, por unas monedas de plata más.

Pero yo siempre pienso que no han sabido ir todo lo lejos que desearían. ¿Porqué no imponer a la gente que no escuche una misma canción más de tres veces? ¿Existe acaso alguna lógica que diga que esto es menos apropiado que la ley que establece la cuarta copia privada como ilegal? A la cuarta deberían volver a pagar por escucharla. ¡Eso sí que sería una medida interesante! Es más, podríamos pensar ya en implantar un chip en el cerebro de todos los ciudadanos que recoja las canciones que van escuchando voluntariamente o no y a la cuarta que se cargue un importe en nuestra cuenta. Si automatizamos esto de alguna manera, no sólo podremos hacer también más copias de las previstas por la ley, sino que el cumplimiento obligatorio de la legalidad apoyará un tráfico de dinero importante hacia las pobre industria del entretenimiento, con su consecuente IVA y nuestros ordenadores informarán a los amos de los gobiernos, la mencionada industria de la mano de la OMPI, de la cuarta copia cargando automáticamente en nuestra cuenta el importe de una obra original. No dirán que los internautas no pensamos en estas cosas y no les damos buenas ideas.

¡Ah! Y para los cobardes hackers que vulneren estos sistemas tan dignos de control humano, la peor de las cárceles, dos años de reclusión en una cárcel especial, en la que suene continuamente día y noche todos los super éxitos de la mencionada industria. No sé si la declaración de los derechos humanos dice algo respecto a este tipo de tortura, pero mejor aprovechar antes de que lo mencionen. Y las ONGs se empiezan a oponer, pues nada, se cambia la ley, que para eso las hacen esos señores de fortunas sin fin.

En fin, esta vez a la cuarta va la vencida…. pero la inquietante pregunta es la siguiente ¿hasta qué punto vamos a aguantar los ciudadanos? ¿Cuándo diremos que esta es la vencida?

Mario Pena (CC) by-sa

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