El mundo es cosa extraña cuando uno se para a pensar con frialdad y sin apasionamientos. En una lucha entre el acceso a la cultura y los que se oponen a ella y al futuro es natural que existan básicamente dos frentes que combaten entre sí, unos con todas las de ganar ya que tienen a algunos políticos a sueldo y otros con todas las de perder si no fuera porque cuentan con el apoyo poco valorado de la tecnología y el futuro.
Pero uno de los frentes, el de los supuestos artistas hace una cosa divertida, se regocija y complace de luchar contra la «piratería» pero llamando piratería también a la actividad que realizan los usuarios de Internet al compartir sus colecciones, al usar las nuevas tecnologías para escuchar más y mejor y así lograr una cultura audiovisual difícil de lograr con el viejo modelo de negocio en el que basan las grandes multinacionales del entretenimiento. De resultas han logrado creerse ellos mismos que su lucha es buena y justa, y lo que hacen es luchar contra aquellos que quieren escuchar su música, en pocas palabras, pelean contra su público. Irónico.
No decimos que no haya que luchar contra el top-manta, pero una lucha policial a este nivel jamás será efectiva, porque se debería luchar en los mecanismos de distribución, en la eliminación de intermediarios superfluos, se deberían apoyar en la tecnología existente y en los propios usuarios para lograr un precio justo (por no hablar de renegociar los contratos musicales a favor de los creadores). ¿Pero luchar contra los ciudadanos y estar contentos y felices de eso y darse autocomplacientes premios? Siempre me ha parecido que las personas que necesitan repetirse una y otra vez lo buenas que son y que no dejan de darse palmadas en la espalda es que no están nada convencidas de tener razón.
Cuando dan un premio al señor Ramoncín por luchar contra la mal llamada piratería, por luchar contra los chavales que descargan música de otros chavales a través de Internet; por luchar contra su público, sólo demuestran estar desconcertados, autocomplacientes y en cierto modo desesperados.
Si el mundo cambia por algo es por la tecnología. No importa las leyes que compren, o lo que les gustaría que hiciera la gente. Han perdido la capacidad de convencer y sólo saben pifiar. Sus premios no son sino el triste testimonio de una filosofía enfrentada con el progreso.

No hace falta que añada nada más a tu texto;Impresionante y muy claro. será buen material para abrir el proximo Unicornio.
Aunque me temo que la industria, Ramoncín y cia sigan sumergidos en su burbujita de delirio autoailmantado; osease, Un mentiroso que se cree sus propias mentiras.