El canon a votación con la controversia servida gracias a PP, PSOE y SGAE

Daquella Manera (cc) byLo cierto es que no quería hablar de este tema que ya me tiene algo quemado y creo que es más importante ser constructivo, mostrando las alternativas al modelo actual de negocio en decadencia que estar siempre quejándonos de él.

Creo que el canon es el menor de los problemas y un síntoma de una enfermedad más que una enfermedad en sí. El problema sigue siendo el mismo, el modelo de negocio cuyo tiempo ya ha pasado y que algunos no se quieren dar cuenta. O sí se dan cuenta y pretenden seguir viviendo del cuento, sin trabajar y manipulando e influyendo a sus anchas. Se acostumbran a algo y no hay quien les saque de sus obcecación.

Lo siento señores de la SGaE y políticos a sueldo o con intereses partidistas en todo esto. No cuela. Ahora la atención de los usuarios, que antes eran sus clientes, va hacia Internet. Esto es imparable y ya van surgiendo las estrellas del futuro entre aficionados manejando una simple cámara, un programa para editar música y unas licencias libres que algún loco ha inventado por tierras anglosajonas. Y ya va surgiendo un relevo generacional de emprendedores y empresas de todo tipo que se adaptan y aprovechan el potencial digital para abrir un nuevo nicho de mercado y ganar dinero sin necesidad de criminalizar o amenazar a nadie.

Como se suele decir “ante el vicio de pedir está la virtud de no dar“. Y no dar significa que hemos de ir librándonos poco a poco de la dependencia enfermiza hacia un modelo de negocio que ya ha muerto aunque sus voceros sigan gritando y amenazando con los más terribles de los males. Estos señores y sus contenidos ya no son necesarios.

El problema del canon digital es que fiscaliza la tecnología y perpetúa el sistema del subvencionismo. Impone una arbitrariedad peligrosa y carente de de toda medida o sentido lógico. Existen alternativas mejores y más lógicas para “compensar” a los autores, si bien lo deseable sería que autores y sus “patrocinadores” se dedicaran más bien a trabajar y crear contenidos y canales de calidad aprovechando el potencial de la era digital, no reaccionando de forma histérica ante el avance imparable de las nuevas formas de consumo.

Claro que eso supone levantarse de la cómoda poltrona a la que sus honrables posaderas ya se han acostumbrado… y obliga también a dejar de pensar en cambiar de coche de lujo cada seis meses y alargar tal vez el plazo hasta los tres años. Eso significa también, para los políticos, que tendrán que enfrentarse a las consecuencias que para su propio modelo de negocio puede significar que la gente acceda al conocimiento, a la cultura y a los canales de comunicación. La libertad es lo que tiene. Tendrán que escuchar y conocer el poder de los internautas (que poco a poco despiertan de un largo letargo).

Al final lo que quiere la SGAE es vivir de la tecnología sin realmente hacer nada para merecerlo, pero lo que más buscan es la atención y creer que su poder será siempre el mismo o creciente. Pero su poder mengua cada día ante todo lo nuevo que se avecina y de lo que no dejaremos que saquen tajada. Es hora de dejar de lado este lastre para el desarrollo de Internet y plantear y explorar las nuevas posibilidades que nuestro medio, nuestra herramienta favorita nos ofrece. La SGAE y esa industria pesada, mastodóntica ya ha agotado su ciclo vital tal y como es ahora. O se adaptan o en pocos años no serán sino una anécdota ridícula de la que nos mofaremos… los que todavía nos acordemos.

Texto por Mario Pena (cc) by-sa

Imagen por Daquella Manera (cc) by. Más imágenes aquí.

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