La amenaza real de la autocensura

Se habla mucho de la censura que se está ejerciendo cada vez más en Internet. Como resultado de la presión de la censura observamos una corriente fuerte en sentido opuesto de varios medios e Internautas que rechazan tales prácticas y demuestran su firmeza escribiendo y publicando aquello que la libertad de expresión les permite sin más límite que su tiempo o ganas. Sin embargo el efecto de la censura es distinto según el nivel de implicación o posibilidades de los ciudadanos.

Uno de los efectos más perniciosos y en el que todos caemos en distintos grados es la autocensura. La autocensura se agudiza tras las campañas mediáticas que siguen a intentos más o menos evidentes de censura por parte de ciertos colectivos de distinta naturaleza y poder.

La autocensura es uno de los efectos del miedo que sentimos ante la posibilidad de sobrepasar algún borroso límite no escrito en realidad, pero siempre persistente en nuestra mente….

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La amenaza real de la autocensura

La familia cristiana vs. la realidad de la familia

El último reducto que pretenden explotar los fanáticos ultraconservadores católicos es el concepto de familia. Al parecer de nuevo quieren imponer su verdad que es tan ajena a la realidad como el catolicismo ajeno al sentido común.

Lo último ha sido una manifestación para reclamar la familia cristiana como algo a defender y como única verdad absoluta. Sin embargo la manifestación ha tenido escaso éxito reuniendo apenas 100.000 personas según nos indica el Manifestómetro.

Independientemente de las cifras es importante señalar lo absurdo de la postura de estos fanáticos con respecto a la familia. La familia actual no obedece a un único patrón sino más bien a muchos distintos. Por un lado la sociedad avanza y el núcleo familiar ha variado, pero ni siquiera en el pasado ha sido como ellos afirman. Lo que ellos proponen como familia ideal cristiana dista mucho de ser una garantía de éxito para el modelo social. De hecho no existe tal modelo. Una sociedad sana sólo tiene garantía de tener éxito si la propia sociedad es capaz de respetar los distintos modelos familiares que llevan coexistiendo desde hace siglos, cuando no milenios.

La familia católica no existe desde siempre. Ya en el antiguo testamento encontramos lo que los fanáticos hoy calificarían como familias disfuncionales, con patriarcas, varias mujeres y “consortes” incluidas. Pero es que no siempre, y muchas veces por desgracia, las familias no han girado entorno a un hombre y una mujer, sino en muchos sólo por una mujer cuando el hombre iba a la guerra y era asesinado en ella, o entorno al hombre cuando la mujer moría al parir. Luego tenemos familias llevadas por los abuelos, por hermanos, hermanas, familias homosexuales desde mucho tiempo antes de que siquiera existiera la noción del cristianismo, familias compuestas por amigos unidos en la necesidad, y un largo etcétera.

Notese que ningún modelo familiar ofrece garantía de éxito, ni aunque vivan y practiquen el cristianismo. Ejemplos los hay por centenares y todos conocemos familias muy cristianas, muy religiosas que no son ni felices, ni educan bien, ni son sólidos bloques para la construcción y mantenimiento de la sociedad.

Lo importante, como en tantos otros aspectos de la vida no es el continente, la familia, sino el contenido, las personas que la componen, la educación, el respeto y la solidaridad.

Los fanáticos de una religión en declive en España se esfuerzan en gritar que ellos tienen la razón y menosprecian los otros modelos de familia sólo por no ser como ellos quieren que sean las cosas. Luchan contra la realidad y por el camino ni respetan ni fomentan el civismo. No debería extrañarnos, pero lo que sí que hay que hacer es rechazar sus formas radicales y sus fines absurdos.

La familia cristiana vs. la realidad de la familia