Aceptando el juego de la SGaE con la presunción de culpabilidad

Lo tendré que decir por enésima vez. Lo repetiré siempre que sea necesario porque veo que no ha quedado suficientemente claro a través de los años. El problema del canon digital no es que implique una presunción de culpa (¿pero qué culpa?) sino una presunción de un uso que no siempre se da; la copia privada de contenidos sujetos a la protección de la ley de propiedad intelectual de unos “artistas” de unas determinadas entidades de gestión.

Cuando hablamos de boicotear productos porque se nos supone una presunción de “culpabilidad” estamos haciendole el juego a la SGaE. Intencionadamente la Sociedad de Gestión de Editores pretende hacer ver que sólo canon digital legitima la copia privada y que de no existir tal canon digital la copia privada desaparecería haciendo ilegal que podamos descargar contenidos mediante Internet o simplemente duplicar un disco para escuchar en el coche. Sin embargo el canon digital no legaliza la copia privada. La copia privada es legal aunque no exista canon digital.

Si no existiera el canon digital la copia privada seguiría existiendo y esto es compatible con la búsqueda de otras formas de compensación distintas a las de pagar dinero a los “artistas” en cada producto digital que adquiramos. Mezclar mito y verdad es algo que la SGaE hace muy bien y su discurso basado en la tergiversación es el que han aprendido los políticos tras innumerables desayunos a las que son invitados por nuestra querida entidad de gestión de derechos de editores. ¿Os parece raro que luego algunos políticos no conozcan el precio de un café?

Recordemos que la Sociedad General de Editores está desde hace varios años contra todo progreso tecnológico y sostiene contra toda lógica y ley que la copia privada es la que se hace el original en casa de cada uno. La ley de propiedad Intelectual, modificada en gran medida por la presión de esta entidad y el resto del lobby del copyright restrictivo no dice eso. De hecho se pueden hacer copias privadas si el acceso a la obra es legal (bastante ambiguo) y no existe ánimo de lucro (ganar dinero en metálico) o perjuicio a terceros.

Artículo 31. Reproducciones provisionales y copia privada.

1. No requerirán autorización del autor los actos de reproducción provisional a los que se refiere el artículo 18 que, además de carecer por sí mismos de una significación económica independiente, sean transitorios o accesorios y formen parte integrante y esencial de un proceso tecnológico y cuya única finalidad consista en facilitar bien una transmisión en red entre terceras partes por un intermediario, bien una utilización lícita, entendiendo por tal la autorizada por el autor o por la ley.
2. No necesita autorización del autor la reproducción, en cualquier soporte, de obras ya divulgadas cuando se lleve a cabo por una persona física para su uso privado a partir de obras a las que haya accedido legalmente y la copia obtenida no sea objeto de una utilización colectiva ni lucrativa, sin perjuicio de la compensación equitativa prevista en el artículo 25, que deberá tener en cuenta si se aplican a tales obras las medidas a las que se refiere el artículo 161. Quedan excluidas de lo dispuesto en este apartado las bases de datos electrónicas y, en aplicación del artículo 99.a), los programas de ordenador.

Así que cuando hablamos nosotros de presunción de culpa estamos cayendo en el malévolo juego de la SGaE que persigue que nosotros mismos consideremos actos como bajarse algo a través de la red como “piratería”. ¿Porqué busca esto? Pues sencillo. Su discurso no cambiará aunque se hayan asegurado del estado un buen cheque de 100 millones de euros o más cada año. Seguirán diciendo que usar protocolos de pares (eMule ¿skype?, etc) está mal. Seguirán intentando que la sociedad, todos nosotros, creamos que dichos actos son propios de piratas (aunque no lo sean) para que si la percepción social cambia, cambie igualmente la ley y los jueces tengan que encontrar tales actos ilícitos o ilegales. Recordemos que las decisiones de los jueces tienen que tener en cuenta lo que la sociedad encuentra como delictivo. ¿Qué ocurre si de manera implícita nosotros mismos acabamos considerando que lo que hacemos es piratería?

En lugar de inculparnos de algo que no tiene culpa alguna, señalemos cual es el problema: El canon digital presupone un uso que no siempre se da, la copia privada en unos soportes y dispositivos que a diferencia de los de la era analógica se usan para una amplísima gama de actividades distintas. Los CDs, DVDs, sistemas de almacenaje externos, escáneres, impresoras y fotocopiadoras están lejos de usarse tanto como “algunos informes” dicen para copias privadas. Más bien al contrario, se usan masivamente para nuestros propios contenidos o la copia de creaciones de millones de autores copyleft o autores no copyleft no asociados a entidad de gestión de derechos de editores alguna. El canon digital es, para que nos entendamos, como si se hubiera puesto un canon al papel, el soporte del conocimiento humano más usado el siglo pasado.

Así pues la Red está plagada usos distintos a la copia privada y de creaciones de autores libres de entidades; nosotros somos creadores, hacemos fotos que gravamos, creamos videos, hacemos copias de seguridad en nuestros discos externos, componemos música libre, diseños 3D, escribimos artículos y libros, dibujamos comics. Sin embargo sorprendentemente el canon digital se destina a una ínfima parte de autores venidos a menos como creadores y que encima nos llaman piratas aunque no seamos piratas. Cuarenta millones de usuarios subvencionando a los que ya no crean desde hace años. Millones de usuarios pagando las mansiones de unos pocos privilegiados de un sistema de negocio obsoleto y patético.

No caigamos en la trampa de hablar de supuestas culpas propias, cuando la única culpa es la de unas entidades y una clase política que traiciona a los consumidores y ciudadanos para satisfacer a unos pocos hipócritas tan vagos e incapaces de innovar como se pueda concebir. Aquí, los únicos piratas son los que se aprovechan de conciertos benéficos, de los CDs que usan hospitales para grabas pruebas médicas, o grandes multinacionales que no dudan en plagiar gracias gracias al poder que sus ingresos multimillonarios les dan para contratar gabinetes de abogados de élite.

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