Sobre la familia tradicional

Acabo de leer este interesante post de Jesús Encinar sobre la familia tradicionial y no puedo menos que celebrarlo y realizar aquí mi propia disertación sobre un tema del cual no he hablado mucho aunque me toca de cerca.

En realidad no existe peligro para la teórica familia cristiana y de hecho, tal y como se comenta, no existe peligro para una familia tradicional que simplemente no existe. Y no existe porque no hay más que observar en nuestro entorno para descubrir que la familia tradicional ideal es una entelequia.

Incluso cuando observamos una familia cristiana supuestamente ideal pronto descubrimos que no es perfecta, que no es ideal. De hecho la familia idealmente cristiana sin duda no juzgaría como no familia a todo el resto de las que no por menos religiosamente correctas dejan de existir. No hay más que recordar el espíritu de las palabras de Jesús que se basaban en la tolerancia y el perdón.

Existen familias monoparentales, familias de hecho sin padres, donde los hermanos mayores actúan para sus hermanos pequeños como si lo fueran. Existen niños criados desde tiempo inmemoriales por padres homosexuales, existen matrimonios entre hombre y mujer en los que uno, incluso los dos hubieran deseado mejor emparejarse con alguien de su propio sexo.

Viudos, viudas, adoptados, tías o tíos haciéndose cargo de los hijos de sus hermaos o hermanas, matrimonios sin hijos que acogen en ocasiones y con infinito cariño a los hijos de los vecinos, abuelos haciendo de padres, padres que han perdido a sus hijos y siguen juntos, amigos que forman familias más fuertes y unidas que las consanguíneas…

Y multipliquemos eso por cientos de años, cientos de culturas, percepciones, sensibilidades y nos fijaremos que hablar de la familia tradicional equivale a considerar nuestro ombligo el centro real del Universo.

Lo que está en juego de cara a la Iglesia Católica más conservadora y reaccionaria es la incesante sangría de fieles. Huyen de tal manera, principalmente los jóvenes, que incluso los más mayores dudan de la conveniencia de permanecer en entornos tan reglados. Por eso tienen que hacerse las víctimas de fantasmas, repetir una y otra vez una letanía de auto-convencimiento de que realmente creen en su dios. El hecho de repetir tantas veces lo mismo no hace sino poner en evidencia su propia confusión y desconfianza.

La necesidad de crear grupo es esencial para frenar en la medida de lo posible su inexorable desaparición. Para crear un grupo unido hacen falta pocos ingredientes. El miedo y el victimismo ayuda a fortalecer los grupos y si añadimos el fanatismo irracional, algo fácil de cultivar en un colectivo que considera la fe religiosa como una virtud, ya existe esa ficticia cohesión que dará un respiro momentáneo a los gurús de controlan a esa masa de electores potenciales.

Lo que está en juego es en realidad el mantenimiento de una jerarquía que no se siente cómoda en absoluto con la realidad de una sociedad que nunca ha sido realmente como han querido y que hoy tiene herramientas y madurez suficiente como para prescindir de las supersticiones que ayudaron a mantener en su tiempo a la gran masa del pueblo bajo los dictados de unos pocos.

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Sobre la familia tradicional

2 comentarios en “Sobre la familia tradicional

  1. Jose dijo:

    El miedo, siempre el miedo. Ese es el recurso utilizado por quienes ven que se acerca el fin. Y la iglesia es una experta en su uso, pues forma parte de sus mismos dogmas. Temor a Dios, temor a su ira…

    La visión del mundo actual que tienen los religiosos invita al chiste. Afirman que el mundo va hacia su perdición, que sus problemas se deben a que la humanidad se ha alejado de Dios, que la inmoralidad lo inunda todo… por favor.

    El mundo está mal, pero hacía tiempo que no estaba tan bien. Cuándo, en toda la historia, ha habido tanta preocupación por la pobreza, el medio ambiente, el bienestar…? cuántas ONGs existían el siglo pasado?

    La iglesia ha llegado al límite de cuanto puede cambiar. En el último siglo se ha visto obligada a suavizar sus posturas, a modernizarse (a paso de tortuga, por supuesto) en un intento por no desvincularse totalmente de una sociedad que avanza mucho más deprisa que ella. Ya no puede cambiar más.

    Ahora es el momento del fatalismo, de aferrarse a los últimos resquicios que queden de su visión de la “sociedad perfecta”, de amenazar, de criticar… el todo o nada.

    Pero cuidado: el fin de la iglesia deja un hueco importante en la sociedad… queda ver qué viene a sustituirla.

    Me gustó tu artículo, gracias.

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