Pérez-Reverte y su opinión sobre la “piratería” en Internet

Pocas veces suelo copiar aquí textos íntegros de otros autores. Tan sólo suelo mencionar partes y comento enlaces directos. Por la importancia de este texto del año 2000, que he descubierto hoy gracias a meneame, he decidido ponerlo aquí con el permiso, o sin él, de Arturo Pérez-Reverte y XL Semanal (una de las pocas revistas analógicas que sigo con constancia).

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“Pepe y los piratas”

Lo mejor de Alatriste en Internet ha sido el aspecto delincuente del asunto.

Llevo unos días riéndome a carcajadas cada vez que conecto con Internet. No soy navegante por ese tipo de aguas, entre otras cosas porque ya paso demasiado tiempo cada día frente al ordenata; pero a veces me doy una vuelta por esos mundos, imaginando que entro en el ordenador personal del Papa, como en La piel del tambor, y le meto un virus pro legalización del aborto con música de Macarena (Bruner). En fin. Algunos de ustedes sabrán a qué me refiero. Pero les contaba que a veces me asomo a la red, en especial estos días en que el capitán Alatriste se estuvo paseando por ella. La cuarta entrega de mi amigo el espadachín permaneció durante un mes disponible en una página de Internet que montó la editorial Alfaguara a través del portal Inicia. Estoy contento por ellos y por mí, pues eso hizo posible que la novela esté ahora disponible en muchísimos más sitios de los que habría conocido sólo en librerías.

A ver qué novelista que no sea un demagogo o un cretino se resiste a que lo lean más, en lugares donde el libro de papel no llega por diversas razones. El caso es que mis condiciones para aceptar ese tinglado fueron que el precio en Internet fuera simbólico o lo más bajo posible, que no hubiera publicidad en las páginas, y que pasado un mes la novela desaparecería de la red para iniciar su vida normal en forma de libro. Y así ha sido, o está a punto de ser. Pero lo mejor de la experiencia fue el aspecto delincuente del asunto: cuando la presentación en Madrid, al preguntar un periodista por mis aspiraciones comerciales, respondí que mis aspiraciones comerciales eran que la mayor parte de los lectores se apropiasen de la novela por el morro. O sea, gratis. Lo que quiero es que me lean, dije. Así que recomendé públicamente el pirateo. Haced esto en memoria mía, dije. Por la pati. A qué pasar hambre, si es de noche y hay higueras.

En fin. Para redondear lo que quiero contarles, debo añadir que un tío estupendo -de Valencia, me parece- que se llama Enrique y honra El club Dumas usando gentilmente el nick de Corso, montó por su cuenta y con dos o tres amigos, hace un par de años, una página soberbia en la que se ocupa de mis libros, y tiene un correo del lector, y un foro libre de discusión; y el fulano ha conseguido montar una pajarraca extraoficial magnífica, donde amigos a los que no conozco, pero que tienen la gentileza de leer mis libros y mis cosas, como El Conde, Carlota, Celso, El Marino y muchos otros, envían colaboraciones, opinan y, en resumen, intercambian cromos. Y fíjense si será buena la página, que hasta mi editorial, a la hora de hacer la suya -estupenda, las cosas como son-, puso un enlace con ésta para aprovechar todo ese caudal de información. A esa página privada me asomo de vez en cuando a ver por dónde van los tiros, los que me dan leña y los que me defienden. Nunca intervengo, pero observo, me divierto, aprendo, me familiarizo con amigos y adversarios desconocidos. Y así fue durante todo este mes, en que al abrir la página de Enrique encontraba allí todo un foro de mensajes reclamando que alguien piratease El oro del rey y lo pusiera a circular: algunos oponiendo reparos morales y otros diciendo qué carajo, las cosas en la red están para piratearlas, y no estoy dispuesto a soltar quinientas pelas, no ya por la pasta, sino por principios. Por estricta moral de internauta.

Y debo reconocerlo aquí públicamente: asistir a todo ese guirigay, propio de las tabernas de filibusteros de los viejos libros, me ha calentado el corazón. El día que alguien que usa el nick de Pepe dijo «ya lo tengo, aquí lo tenéis», y en el acto recibió una lluvia de peticiones y agradecimientos, sentí el éxito casi como propio. Porque uno cree que todo está ya dicho, escrito y reglamentado, y de pronto resulta que no; que ante cada nuevo desafío surgen en cualquier rincón espíritus libres que se pasan por el forro de los cojones los reglamentos y los copyrights y las estipulaciones de tres euros y letra pequeña. Corsarios resueltos a ir al abordaje de sus sueños. Y lo que es más importante: solidarios, dispuestos a compartir. A ir a la taberna de los Hermanos de la Costa, de los colegas, de los amigos cuyo nombre es sólo un alias en la red, y decirles: aquí está, aquí lo tengo. Aquí lo tenéis. Servíos, y que aproveche. Por eso quiero dar hoy las gracias al pirata Pepe y a los otros: a quienes durante estas semanas habéis hecho saltar mecanismos de seguridad y saqueado las bodegas de esa página alatristesca, por amor a la aventura, por desafío y por generosidad con los camaradas. Los de mi editorial -y algunos libreros- se ciscan en vuestros muertos. Por mi parte, os aseguro que el propio Diego Alatriste habría disfrutado tanto viéndoos hacerlo como he disfrutado yo.

Nº 683/ 26 de noviembre de 2000

Enlace original al texto aquí.

Breve comentario sobre el texto: Primero he de decir que soy seguidor de el XLSemanal y que siempre suelo leer la página de Arturo Pérez-Reverte, Arturo a partir de ahora, si se me disculpa la familiaridad. Me gusta mucho su estilo y su lengua mordaz, dura, satírica, directa, sincera y sobre todo el uso tan loable de la palabra políticamente incorrecta o malsonante, patrimonio esencial de nuestra forma de hablar y expresar cosas. Le admiro por su trabajo conmovedor en muchos casos recordándonos algunos de los hechos más espeluznantes de las últimas guerras que le tocó cubrir como reportero de guerra. Y he de admitir que aunque no siempre estoy de acuerdo con todo lo que dice, en general sí lo estoy. He estado tentado muchas veces, de escribirle un correo para conocer su postura ante todo este jaleo del copyright, la piratería, etc. y si no lo he hecho era tal vez por temor a que me mandara al peo afirmando que somos una panda de haraganes que nos aprovechamos de todo… no sé, lo dudaba, pero no quería “enfadarme” con él por este motivo.

Sin embargo al leer el texto y sobre todo esta frase “A ver qué novelista que no sea un demagogo o un cretino se resiste a que lo lean más, en lugares donde el libro de papel no llega por diversas razones” me ha llegado al corazón y me ha reconfortado como pocas otras. Sin duda que no todo lo que ocurre en Internet es bueno y hay mucho que lograr para que la gente deje de escuchar sólo triunfitos y demás calaña y se pongan a conocer a músicos de los de verdad, para que la gente lea clásicos y menos, o además de libros basados en puro marketing, para que la gente vea y comparta esas grandes películas que todos deberíamos ver como “La Herencia del Viento” o “Doce Hombres sin Piedad” en lugar, o además de esas muy ridículas películas americanas de todo efectos con personajes sin personalidad… Hay mucho que hacer, pero no se logrará en un día. Lo cierto es que Internet y la era digital ha roto las reglas y posibilidad, como nunca antes, que la cultura de verdad pueda llegar a cualquiera a muy bajo costo. Esto, que sería de lo más deseable y mejor para el mundo, lejos de ser alentado por esa gentezuela mísera a la que ponemos en el poder, es considerado como algo pernicioso y delictivo. De esos estereotipos no escapa Arturo, pero es que en realidad muchos de nosotros todavía no nos libramos el imbécil sentido de culpa, alias pecado, de pensar de vez en cuando que tal cosa o tal otra puede realmente ser robar, o que en cierto modo seamos piratas.

Pero no. Como conclusión dejo esta frase que también quería resaltar: “ ante cada nuevo desafío surgen en cualquier rincón espíritus libres que se pasan por el forro de los cojones los reglamentos y los copyrights y las estipulaciones de tres euros y letra pequeña” . No tengo mucho más que añadir. Y que se cisque en mí, si quiere, la grandísima zorra de babilonia que parió a los talibanes del copyright restrictivo. Ahí queda eso.

Pérez-Reverte y su opinión sobre la “piratería” en Internet