La religión como vaca sagrada

Tal vez el factor más determinante que influye en la permanencia de las religiones en el mundo es el carácter sagrado que se otorga a si misma. Es incluso difícil debatir sobre la propia religión pues ésta se ha armado de muchas herramientas con el fin de protegerse de si misma. Así en muchos países se regula por ley de manera más o menos explícita la imposibilidad de criticar libremente las creencias religiosas como si la idea en si, no las personas, fueran las que se deben respetar o tolerar.

No me cansaré de repetir que se respeta a las personas y éstas podrán creer lo que sea, esa es su libertad, pero que no se debe respeto a las ideas por mucho que éstas sean aceptadas por colectivos grandes y durante mucho tiempo. Es más, habría que debatir si creer en religiones es una muestra de libertad o más bien una imposición de la tradición, la conveniencia o la corrección política. Una persona religiosa está lejos de ser realmente libre. La persona, como tal, sólo puede ser libre cuando tiene la mayor cantidad de información posible de todos los factores que determinan las situaciones, es capaz de cuestionar y puede formular hipótesis sobre la parte de información que no se tiene.

Todo es relativo y todo cuestionable. Es importante que los librepensadores ataquen las ideas religiosas, porque no hacerlo sienta una especie de peligrosa aquiescencia hacia la superchería que suponen las religiones.

La religión como vaca sagrada

El copyright en la era digital

Ante los cambios hay dos formas de actuar básicas, aceptarlos y adaptarse o rechazarlos y adaptar la realidad a dicho rechazo. Si en la segunda posición además ven que se puede ganar dinero, suele ser la opción que la industria de contenidos de entretenimiento más obsoletas e inadaptadas toman.

Johannes Kreidler - compositor
Johannes Kreidler - compositor

Si uno para a leer un poco las noticias relacionadas con el “copyright” y la “propiedad intelectual” no puede dejar de llamar la atención que casi todas tienen que ver con demandas, juicios y gabinetes de abogados. ¿Cuánto dinero se mueve en estos litigios? Difícil imaginar siquiera.

Lo que además llama mucho la atención es el notable incremento de demanda contra ciudadanos que son los primeros en adaptarse a la realidad digital. Como fuente de beneficios a corto plazo, las demandas a ciudadanos son bastante rentables, pero a largo y medio plazo producen un efecto no deseado y que los asesores de estas empresas suelen evitar comentar a sus accionistas. La imagen pública de la empresa se desgasta percibiéndose cada vez de forma más negativa (e Internet tiene memoria) y fomenta la creatividad por parte de los ciudadanos para protestar o buscar otras fuentes alternativas de contenidos.

Tanto es así que webs de distribución de contenidos copyleft empiezan a ser verdaderas competidoras y dentro de algunas entidades de gestión se encuentran artistas descontentos que saben muy bien cómo poner las absurdas leyes del copyright en contra de sus defensores. Es el caso de Johannes Kreidler, un artista alemán que ha compuesto una canción de 33 segundos citando nada más y nada menos que 70.200 obras protegidas por el copyright. Según la  maravillosa ley del copyright, por cada cita hay que rellenar un formulario. Bueno, pues rellenó los 70.200 formularios y los mandó para la entidad de gestión alemana, GEMA. Seguramente los empleados que vieron acercarse el camión lleno de papeles no podían ni imagina que ese día iba a ser uno de los más atareados de su vida. Ojalá, no obstante, tuvieran algunos asesores, abogados o directivos de ciertos lobbys que realizar el trabajo de supervisar todos esos formularios.

En plena era digital las leyes anacrónicas ya para el siglo XX están siendo reconvertidas para ser todavía más opuestas a la realidad que la tecnología impone en el mundo.

Criminalizar por el camino a ciudadanos, arriesgándose que éstos en algún momento dejen de aceptar la injusticia y empiecen a pensar por si mismos, no es buena política. Los pequeños gestos como el de los 70.200 formularios pueden disparar la creatividad de los ciudadanos a la hora de protestar contra los dueños de los políticos y los políticos.

El copyright en la era digital

Antes de comprar cualquier cosa medianamente cara

En los próximos días os iré contando una curiosa historia acerca de una de mis últimas compras. Como todavía estoy investigando ciertos asuntos no quiero empezar a contar nada concreto, pero siento el deber de avisar acerca de una buena práctica que todos deberíamos tener como costumbre. No es otra cosa que averiguar, antes de realizar una compra de cierta entidad, de la política de devoluciones del establecimiento en el que pensemos comprar.

Mi consejo es que antes de comprar nada os den por escrito las condiciones para la devolución de dinero o cambio del producto a comprar. Suele ser interesante preguntar también qué se entiende por producto defectuoso imaginando ejemplos concretos según el producto del que estamos hablando.

Próximamente iré ilustrado con ejemplos más claros y en primera persona, porque el tema tiene su enjundia.

Preguntad siempre, averiguad la política de devoluciones y si no os convence, mirad alternativas. Hoy en día es fácil encontrar varias alternativas para comprar el mismo producto y ser prudente en este sentido os puede ahorrar malos ratos y disgustos.

Por encima de todo, sabed que el consumidor, como tal, no está bien protegido ante los que venden. Así pues, la prudencia antes de comprar puede ser nuestra mejor defensa. Sed objetivos y comprad lo que queráis con el corazón y la cabeza, pero elegid la tienda o web con la cabeza únicamente.

Antes de comprar cualquier cosa medianamente cara

Las entidades de gestión de derechos de autores como cortinas de humo de lobbys

La función real de las entidades de gestión de derechos de autores y sobre todo editores, no es otra que la de cortina de humo. Si comprendemos que las entidades de gestión están amparadas por las leyes, es el legislador pues quien consiente los abusos de éstas. Gracias a la adaptación de las leyes al gusto y necesidades de industrias basadas en modelos de negocio de los siglos XIX y XX, con la escusa de proteger supuestos derechos de algunos pocos autores, se consigue perpetuar un sistema de monopolio y secuestro de los escasos contenidos culturales existentes.

Entre medio se logra mantener un modelo de negocio basado en la creación industrial de productos de baja calidad cultural. El objetivo de estos contenidos no es otro que entretener y mantener a la gente lejos de cualquier tentación de análisis crítico de la realidad.

¿Porqué interesa tener los contenidos culturales lejos del alcance de los ciudadanos? No hay más que pensar a quién beneficia más tener ciudadanos sin criterio propio que se limitan a votar periodicamente a la misma clase política que luego les insulta y veja.

Los beneficiados son los dueños del mundo, los que manejan los distintos lobbys que llevan a unos u otros partidos políticos al poder sin importar el aparente color programático de éstos.

Creando la falsa sensación de que los ciudadanos tienen algún poder de decisión mediante elecciones democráticas, crean la ilusión de que tenemos libertad, que podemos hacer algo mediante nuestro voto. Sin embargo lo que hacemos es votar a uno u otra alternativa que sirven a la postre al mismo amo. Al mismo tiempo fomentan la idea de culpa, pues somos nosotros los que elegimos a nuestros propios verdugos y sabido es que a los humanos nos cuesta admitir nuestros propios errores.

Al final, como decía Casio a Bruto en Julio César de W. Shakespeare, “la culpa no es de nuestras estrellas, sino de nosotros, al consentir ser inferiores”. Sabemos de la gran mentira de los grandes partidos políticos vendidos a esos lobbys que persiguien un único objetivo, controlar lo que consumimos, pensamos y decimos para que ellos puedan seguir enriqueciéndose a nuestra costa.

Las entidades de gestión de derechos de autores como cortinas de humo de lobbys